Por: Rita Isabel
Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra
Llueve…
afuera aguacero de gotas gordas…
adentro chubasco de palabras…
Regresamos a la adolescencia, al Carlos Luis Apalabrado cuando ensancha su horizonte, aunque siempre enraizado en el río de Orocovis. El protagonista de A manos llenas, que rescataba pollitos, cuidaba mucaritos y andaba larga distancia para leerle a Pancho y Facia se enfrentó a un dilema de consciencia al llegar a la Academia Monseñor Willinger en Barranquitas.
Un requisito de admisión de la Academia era tener el sacramento de la Eucaristía. Carlos Luis fue admitido, pero no había hecho la primera comunión. ¿Un despiste, una omisión involuntaria, un dato sin corroborar en el proceso de admisión y matrícula? La verdad… no lo sabemos, pero se entendía que el joven Collazo Rodríguez había hecho la primera comunión. Cuando se percató del equívoco, el joven Carlin no sabía qué hacer. Las horas pasaban, los días se sucedían camino al día que asistiría a misa y se esperaría que se parara y se acercara a recibir la comunión.
Aquello no estaba bien, sentía que era un sacrilegio, un pecado, faltarle a la palabra, a Dios. ¿Qué explicación podría ofrecer para negarse a comulgar? ¿Cómo, y, sobre todo, a quién explicarle aquel dilema, a quién consultar… más bien confesarle la verdad? A solas caminaba de un lado a otro en soliloquio desesperado, en el que se preguntaba, una y otra vez, qué hacer.
Lo imagino rascando su cabeza, el gesto que aún acompaña sus cavilaciones.
Entre adolescentes se entienden, se apoyan y se defienden… al llegar a la academia hizo amistad con un chico similar a él, muy pocos eran como el joven Carlin en aquella Academia barranquiteña. Confesó al compañero su problema y optaron por la verdad: por ser jóvenes de palabra. Lo sagrado es SAGRADO, hablaron con las monjas y ellas comprendieron.
Carlin comenzó a prepararse para hacer su primera comunión.
En Barranquitas, a manos llenas, encauzó su rumbo en un río de letras, en español y en inglés. Dio su palabra, se apalabró, culminó sus estudios con buen promedio y aprobó el examen de ingreso a la universidad; mas la vida lo enfrentó a otro dilema, uno más complejo que el de su primera comunión. Esta historia continuará…

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdóticas y brindaremos por el Apalabrado que llegó lejos y a muchos lados.
¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

