Carlos Luis Apalabrado: Undécima entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Letraherida es una palabra de belleza pasional, mientras que apalabrar alude a la belleza de concertar, acordar, comprometerse, conceder y un acto de honor.

A unas horas de que enero complete su ciclo en este 2026…

Carlos Luis Apalabrado se graduó un año antes que la Letraherida de la Universidad. Año de espera para las nupcias, año de trabajo en la Oficina de Ajuste de Tabaco del Departamento de Agricultura, año en el que las columnas de César Andreu Iglesias y el periódico Claridad saciaron su sed de saber, de disentir de lo establecido, de nutrir su consciencia social y su identidad nacional. Mientras la Letraherida estaba en la Universidad escuchando a su profesor de humanidades hablar de Pedro Albizu Campos, en un ambiente de luto y protesta porque no dieron el día para poder ir a los actos fúnebres, Carlos Luis Apalabrado caminaba en su hora de almuerzo por las calles de Santurce en busca de la funeraria donde estaban los restos de Albizu Campos. A mis preguntas, para escudriñar en ese recuerdo: cómo se enteró, qué lo motivó a llegar hasta el féretro de Albizu… El Apalabrado responde que no recuerda cómo se enteró, simplemente lo supo y como las oficinas de su trabajo quedaban en Santurce decidió llegar hasta el velatorio. Hace un esfuerzo por recordar el nombre de la funeraria, pero se queda en ese limbo que es la punta de la lengua.

Aunque reconocía el nombre de Pedro Albizu Campos confiesa que en ese momento aún no sabía la gran figura que era don Pedro, con la gran deferencia de ese DON… Ese día sólo intuyó que debía llegar a rendir homenaje al que luego sería una figura muy significativa en su filosófica e ideológica existencia: el maestro de la Patria, la conciencia de Puerto Rico.  

Busco en el oráculo que es la Internet datos de la muerte de don Pedro. Me encuentro con un escrito de Juan Mari Brás que se titula “La muerte de Albizu”. Leo: Murió a las 9:40 de la noche del 21 de abril de 1965. Ubico a mi padre en tiempo y espacio, once años antes de que yo naciera, hace casi 61 años. Imagino aquel hombre joven de 29 años caminando por las calles de Santurce en busca de la funeraria Jesen. Según el escrito, en esa funeraria velaron a Albizu el primer día. Murió un miércoles en la noche y el escrito parece indicar que sus restos fueron expuestos en la funeraria un viernes. Imagino a Carlin, un viernes, al mediodía, caminando bajo el sol, probablemente con guayabera y zapatos de vestir en ruta hacia la funeraria.

Mi padre Apalabrado me dijo que cuando entró en la funeraria no había mucha gente. Colijo, por la crónica que escribió Mari Brás, que eso tiene una explicación que mi papá desconoce. Carlos Luis Apalabrado estuvo en los actos fúnebres que la familia pidió fueran sencillos e íntimos antes de llevarlo el sábado al Ateneo Puertorriqueño donde lo velarían hasta el domingo. Desde el Ateneo pasaría a la Catedral donde el padre Antulio Parrilla y el Padre Margarito Santiago oficiarían la ceremonia fúnebre y luego acompañarían el féretro hasta el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis.

Aunque escribo de un momento solemne y triste de nuestra historia como nación, no puedo dejar de sonreír. ¿¡Quién imaginaría que el Carlin joven adulto es igualito al Apalabrado cuarentón, cincuentón, sesentón y hoy nonagenario!? Cuando antes de escribir esta entrega y por ende antes de leer el escrito de Juan Mari Brás, le pregunté a papi si había podido ver el cuerpo de Albizu y si había mucha gente, me contestó que sí a lo primero y como ya mencioné que había poca gente, me estuvo raro. Imaginaba los actos fúnebres de Albizu con un sinfín de personas y una fila interminable para rendirle respeto. Ahora sé que no era extraño, mi padre con la manera de ser que lo caracteriza (quien lo conoce sabe a lo que me refiero… y quien no lo conoce, le diré como diría mi padre: a buen entendedor pocas palabras bastan) asistió a la funeraria; a los actos más bien familiares y menos públicos que los convocados en el Ateneo…

Letraherida, que siente pasión extrema por la literatura; apalabrado, quien concierta, acuerda, pacta, honra la palabra… La Letraherida recuerda la muerte de Albizu desde la narrativa que escuchó de su profesor en la universidad, el Apalabrado la rememora desde la anécdota en la que honró los restos de un ser de palabra.  

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdóticas y brindaremos por el Apalabrado que llegó lejos (de la mano de la Letraherida) y a muchos lados (en Familia).
¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

Publicado por Libros pasajeros

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