A modo de epílogo (lo que debió ser un prólogo)

Profundamente agradecido y agraciado

(Parafraseo de  la última línea de un libro que leí hace poco y me ¡encantó!)

Por: Gerardo Ortiz

Hace mucho dejé de leer, lo que se dice leer por puro placer; con tanta información accesible en las redes sociales, la inmediatez de lo que me interesa al toque de una tecla, me permite ir de un tema a otro, de una información a otra, tal y como veo televisión o escucho radio, brincando de estación en estación, así que leo lo que necesito leer, lo estrictamente necesario… sin embargo eso de sentarme a leer de una sentá por placer… uhh  ¡ya ni recuerdo!

Estos relatos  pasajeros llegaron para detener mi tiempo, ese que se requiere para leer por placer,  si bien es cierto que la premura de la “publicación” ameritaba leerlos de inmediato,  la verdad es que no pude levantarme hasta que terminé el último (¿último?) cuento… En un momento sentí que me faltaba la respiración… la historia me atrapó, pues aunque todos son autónomos, hay un hilo de fino mundillo que los teje de manera artesanal, tan delicado como su presentación.

Como actor y entrenador de actores (intérpretes)  insisto en que el objetivo de nuestra representación  es provocar, convencer. Cuando un texto (columna vertebral de nuestro trabajo) es sólido,  el camino a nuestra presentación es muuucho más sencillo.

Así que no pude desapegarme de mi oficio, pude verme en cada uno de los personajes —cuando estos cuentos se lleven al teatro…. al cine o la televisión— quiero interpretarlos a todos… a Sebastián, Segundo, El Padrino, El Tío Pablo, Sergio, Edwin o Carlos (es el nombre que se me antoja ponerle al hermano de la protagonista de mi  cuento favorito: Cuando la muerte acecha con ropaje de inocencia). Bueno,  a lo mejor solo pueda hacer al Padrino o al Tío Pablo… la verdad es que no me importaría si solo me toca  interpretar a un “extra” caminando o sentado en uno de los bancos de la Plaza Palmer. Hasta los personajes  que no hablan dicen ¡tanto!

Lo cierto es que estos relatos  no son tan pasajeros,  tienen en abundancia  y cuando digo abundancia no es una exageración,  imágenes poderosas que activan los sentidos, que provocan evocan,  para el actor/actriz intérprete es un festín.  Me veo en ellos como un espejo, y presumo que a lo mejor fueron escritos para mí… ¿Por qué no?

Sin embargo, el mérito mayor de este libro es reconectar con el ritual, la tradición, nos (me) devuelve al  hábito de la lectura por puro placer. Un repaso de la mitología griega no vendrá mal. Este libro viajero  es  la fascinación de encontrar historias guardadas en un viejo baúl escondido debajo de la cama de la abuela… ¡Ahhh!  y  como si fuera poco de pronto me han dado ganas de  empezar a pintar…

Embeleco rápido y breve… ¡JA! ¿Es una broma?

 Por: Evelyn Rosario

Anjá… y yo, nacida bajo el signo de escorpio, influenciada por el planeta Plutón, que por cierto a estas alturas no sé si existe todavía, predestinada por las leyes que rigen la magia de la astrología, a vivir  hipnotizada y fascinada con todo tema relacionado a los misterios de: muerte… sueños… pesadillas… secretos… supersticiones… hechizos…embrujos… maldiciones… bendiciones… tormentos… mitos… desaparecidos… fantasmas… espíritus… conjuros… imperdonable resistirme a dar rienda suelta a mi imaginación, cuando recibí la inesperada e IMMESURABLE invitación de la autora para que, entre otras cosas, fuera de las primeras personas en conocer el fuego que ardía adentro de su cabeza desde el “primer domingo de septiembre de 2008”.

¡Oh Dios Rita Isabel, que bien me conoces! Sé que esta colección de “relatos pasajeros”, como originalmente bautizas, los escribiste para mí… ¡JA! En estos momentos elijo ser presumida… ¿Y qué? Decido sumergirme en la lectura como nunca antes había leído. Me zambullo de clavado en un río desconocido, sin tener idea hasta cuan profundo era capaz de llevarme. Al quedarme sin aliento, era muy tarde para dar marcha atrás y buscar cómo salir a la superficie… Me percato que ya estaba arropada en tu azulado manto embrujado y enmarañada en las redes de tus sueños o ¿son pesadillas? Me sentí la elegida, y sucumbo a las poderosas e intensas imágenes que alteran mis sentidos como película surrealista… asfixiando tanto la razón como el corazón. Corazón que revolotea adentro de mi caja torácica sin patrón definido. Al terminar, quedo suspendida entre el tiempo y el espacio y se me hace difícil darme cuenta si estoy lúcida. Un verdadero gozo, una incertidumbre satisfecha. Nada me quita de la cabeza, que mientras leía… estabas soñándome…

La forma en que juegas con la realidad y la irrealidad, entrando y saliendo del mundo onírico de Sebastián, es sencillamente alucinante. La lectura me mantiene al borde de la locura. Aquellos que me conocen, saben y les fastidia que, me fascine hacer conjeturas y llegar a conclusiones antes de culminar cualquier película o lectura —y que me haga la detective jugando a descifrar misterios. Sin embargo, con este relato en particular (mi favorito) me sentí adentro de un espejismo sin salida. Me rindo ante el juego de la razón y la sinrazón y al final me parece injusto que, la fuerza del amor que en algún momento incierto fuera profesado haya sido desdeñado.

De forma “perceptual”, esta fantástica colección de cuentos es más que un regalo que atesora de forma indirecta los más ocultos misterios de las preguntas sin respuestas… ¿Qué tal si la vida que vivimos es realmente un sueño y después que morimos es que comenzamos a vivir? ¿Qué tal si es cierto que la verdadera suerte comienza cuando morimos? ¿Qué tal si cuando nos miramos al espejo lo que vemos es un reflejo de lo que realmente somos y no la imagen de nuestra apariencia? ¿Qué tal si la muerte camina a nuestro lado todo el tiempo esperando el momento oportuno para arroparnos? Ahora digo yo: entre en este incierto laberinto y encuentre usted su propia salida…

Ñapa: Rechazo terminantemente la idea de entregar “MI” copia de los cuentos… no me importa ser egoísta, caprichosa y posesiva. Quiero que la misma esté autografiada y personalizada artesanalmente. No importa lo que tenga que pagar. Eso es lo que me dicta el hígado corazón de mi ego. ¡Nah! La entrego con amor y llena de vibra positiva desde lo más profundo de mis vísceras…y me voy cantando la canción de Gloria Trevi: “Ella es una loca, loca perdida. El adora su alma herida. El fantasma y la loca se quieren casar. El padre de ella no lo quiere aceptar”…

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