Guiño: Escasez a la dos

A Liliana Felipe por su canción: Ajo 

Primera versión

Escasez

Por: Rita Isabel

               María Cristina, antes de salir de su casa para buscar a su abuela y llevarla al supermercado, se preguntó cuál sería la reacción de su querida abuelita cuando se enterara de aquella hecatombe: escasez de ajo en Puerto Rico. Aunque esperaba una cantaleta, no imaginó que iría como rezando letanías camino al supermercado. Todo comenzó con un: ¡Virgen Santísima y ahora qué me hago sin ajo! Luego continuó con un: porque tú sabes nena que sin ajo no hay sofrito y el ajo es un antioxidante, antibiótico y antídoto contra casi todos los males. María Cristina solo asintió con la cabeza ante estas afirmaciones, pero minutos después se encontraba repitiendo la palabra ajo en respuesta a las preguntas y frases de su abuela.

–¿Cuál es el mejor condimento que resalta el sabor de todos los ingredientes de nuestro sofrito? –preguntó la abuela.

–Sin lugar a dudas: ajo –respondió la nieta.

–¿Qué usamos para desparasitar?

–Ajo.

– Para aliviar el dolor de garganta…

–Ajo.

–Contra la artritis…

–Ajo.

–Contra padecimientos de la vejiga y los riñones…

–Ajo.

–Para regular la presión arterial…

–Ajo.

–Para combatir las varices…

–Ajo.

–Para controlar el azúcar y el colesterol…

–Ajo.

–Para la mala digestión…

–¿Ajo? No creo abuela –interrumpió María Cristina la letanía perfecta.

–¿Cómo que no? –responde la abuela como si estuviera airada.

–A mí el ajo me cae pesado al estómago.

–Por eso, para la mala digestión –dice la abuela con una risita.

–¡Ajo! –dice María Cristina a carcajadas.

Para prolongar las risas y disipar por completo la preocupación de la abuela, María Cristina, la reemplaza en dirigir la recitación.

–Para el mal aliento… –dice la nieta.

–Ajo –responde la abuela risueña.

–Contra los vampiros…

–Ajo.

–Para el cara… –se aventuró María Cristina a decir con un dejo juguetón.

–Jo –dijo la abuela en cómplice transgresión.

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Segunda versión

Escasez

Por: Rita Isabel

          Piedad y Clemente se santiguaban. Amparo y Salvador clamaban al cielo. Milagros y María invocaban a todos los santos y a los que no eran tan santos. Socorro pedía auxilio hasta al mismísimo diablo y Jesús no dejaba de “googulear” en busca de una solución. Todos en peregrinación, peregrinaje, procesión, cruzada en busca del preciado y predilecto recurso. Aquella era la hecatombe: escasez de ajo en Puerto Rico.

          Por culpa de los chinos concluyeron algunos cuando Esperanza dijo que, según lo que leyó, desde hace unos años una empresa china ha estado inundando el mercado estadounidense con ajos de baja calidad a precios más que bajos. Por culpa de los gringos pensaron todos, pero no lo dijeron, cuando Bárbara puntualizó que esa práctica de los chinos ha significado la desaparición de un fracatán de los procesadores de ajo en California. A esto Prudencio comentó que hubo una solicitud del gobierno federal a los importadores de ajos en los que requirió una retahíla de documentos adicionales a los que acostumbran a pedir como medida de protección para los agricultores californianos.

          Cuando Eugenio añadió que, según diversas estadísticas a nivel mundial, China es el principal productor de ajo con 23,000 millones de libras anualmente, lo que representa el 77% de la producción global; y luego dijo, que Estados Unidos es solo el sexto productor con apenas un 1.4% de producción global, ya nadie prestaba atención. En aquella kilométrica y peregrina fila, desordenada y alborotada, sin principio y fin, ya solo se pensaba en las impresionantes propiedades del ajo. Se comenzó a escuchar una letanía improvisada.

          El mejor condimento de nuestro sofrito: el ajo. Nada más rico que el pan con ajo. Nada más exquisito que yuca al ajillo. Nada más sabrosito que el mojo de ajo. Nada más suculento que camarones al ajillo. Pollo con ajo, pavochón con ajo, lechón con ajo… Para desparasitar: ajo. Para prevenir infartos: ajo. Para regular la presión arterial: ajo. Para aliviar el dolor de garganta: ajo. Para combatir la artritis y las várices: ajo. Para controlar el azúcar y el colesterol: ajo. Para corregir el estreñimiento y desinfectar toxinas en el sistema digestivo: ajo. Contra padecimientos de la vejiga y los riñones: ajo. Como descongestionante, antioxidante y antibiótico: ajo.

          Aquella letanía perfecta, que iba desde el santo condimento al suplemento medicinal, parecía interminable hasta que se escuchó: no queda más ajo. La fila se dispersó más rápido que ligero, a las millas del chaflán, en un ay, bendito. Todos salieron en tropel en busca de otro supermercado, plaza de mercado, tiendita, chinchorro, colmado en el que encontraran el preciado y predilecto recurso. Piedad, Clemente, Amparo, Salvador, Milagros, María y Socorro, con disimulo, le pidieron a Jesús que verificará en el GPS la nueva ruta a seguir.

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2 comentarios en “Guiño: Escasez a la dos

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