En pocas palabras: Puntos de araña

Por: Rita Isabel

 

I. Puntos de araña

…estaba buscando un tipo de cuento o de novela y sin pensarlo empecé a escribir lo que yo quería encontrar.

Pedro Cabiya

Desde que decidí estudiar la maestría en Creación Literaria estuve clara que mi trabajo creativo sería un libro de cuentos. Podría expresar que deseaba adentrarme en las metáforas creadas por los cuentistas para describir el género: “desde la flecha que no yerra de Quiroga hasta el knock-out boxístico de Cortázar, pasando por las garras del tigre de Bosch y el bisté sin colesterol de Oscar de la Borbolla.[1]” Sin embargo, me parece que la decisión respondió a que tiendo a llevar la contraria y a mantenerme en áreas marginales o marginadas como en las que está, en algunas ocasiones, el narrador de cuentos, en contraposición al de novelas.

Al llegar el momento de esbozar la propuesta, entendí que seguir la línea fantástica o absurda que abunda en mis escritos y en la que parece que domino la manera de cumplir con la fórmula que es aceptada dentro de los cánones que impone la maestría en Creación Literaria, no me llevaría a un proceso de aprendizaje. Decidida a ser aprendiz, opté por honrar a mi escritora favorita Agatha Christie, y pretendí con ello incursionar en la literatura que llamaré detectivesca o policiaca.

Asimismo, llevaba tiempo deseando escribir algo que se titulara Trece puntos de araña ,idea que surgió de una anécdota de mi niñez. Por mi insistencia, abuela intentó enseñarme a tejer en mundillo. Deseaba aprender lo que ella llamaba el punto de araña. Solo logré tejer un encaje con el punto básico sin mucha destreza en el proceso, ni calidad o belleza en el resultado. No tejí más. Ese evento le dio identidad a esta obra.

El número trece, siempre presente en mis procesos creativos, casualmente estaba incluido en Srta. Marple y trece problemas, un libro de cuentos que junto a doce títulos más, protagonizados por esta vieja solterona de aficiones detectivescas, me acompañaron durante estos dos años de la redacción de mi proyecto especial.

Ser lectora aficionada a las historias detectivescas no te hace experta en el relato policiaco. Por tanto, me sometía a un desafío al que entraba consciente de mis limitaciones. La idea utópica de mi propuesta al comenzar mutó en la obra que hoy les presento. Elaboraré mi presentación de Trece puntos de araña tomando como punto de referencia principal el trabajo de Iván Martín Cerezo en Poética del relato policiaco: de Edgar Allan Poe a Raymond Chandler.

Podría describir a Trece puntos de araña como un gran tejido de palabras. Mas lo presento como un trabajo creativo que consta de siete cuentos en los que se desarrollan trece historias. Carlota y Luisa, conocidas desde niñas (por ser gemelas idénticas) como las hermanas Rosario son los personajes que sirven de eje a Trece puntos de araña y protagonizan la decimotercera historia. Carlota se enfrenta, en cada relato, a situaciones peculiares o indescifrables que pueden definirse como misterios o minúsculos actos criminales, pero que son aparentemente insignificantes o intrascendentes.

Si bien los misterios en las historias encuentran su solución gracias a Carlota, cada cuento tiene autonomía con protagonistas exclusivos que, si se suman a las hermanas Rosario, nos llevan al número trece: en “Besos de mariposa”: Angélica y Ariel, “Dilución”: Beatriz, “Uno por uno”: Eduardo, “Una más”: Isabela, “Rosas blancas”: Humberto, “Dientes para Cundeamor”: Rosaura y Lino, “Trece”: Malavé y Magda. Si se preguntan dónde está el personaje número trece es el lector o la lectora, pues se le invita a llevar la investigación de la historia decimotercera y de esta manera comparte protagonismo con Luisa y Carlota.

Lo minúsculo, lo cotidiano, lo corriente y común, lo que puede pasar desapercibido son los elementos que sirven de base para los relatos. Transformar lo olvidable en memorable fue mi búsqueda en este ejercicio académico literario (búsqueda recurrente en lo que escribo). La vejez, la muerte y los cargos de consciencia son las temáticas principales de estas historias. Por lo que me enfrenté a tres grandes retos: escribir relatos detectivescos, honrar sin imitar e incursionar en el género desde lo doméstico enmarcado en la vejez.

Con el primer reto me enredé y descubrí que probablemente luego de este ejercicio académico literario seguiré leyendo y recreándome en el género detectivesco, pero no más intentos de escribirlo. En lo detectivesco no hay espacio para lo absurdo y fantástico. Se me dificulta concebir un cuento y desarrollarlo en el espacio de la lógica. Con el segundo reto, fue fácil no imitar, pues mis capacidades literarias no alcanzan a Christie que, como bien resalta Iván Martínez Cerezo, se destaca por la maestría de sus diálogos, la plasticidad de sus descripciones, pero sobre todo “su suprema habilidad narrativa para llevar al lector por el camino del engaño”. Ni por un instante me acerqué a estas características. El tercer reto conllevó un ejercicio de superar el concepto: aburrido. Admito que no sé si lo superé porque no es lo mismo buscar lo extraordinario y memorable en elementos cotidianos sirviéndonos de lo fantástico o absurdo que trabajar la realidad criminal. Además, iba en contra de la idea expresada por Fernando Savater sobre que: “Un relato policial sin la muerte o su amenaza no pasa de ser un jeroglífico idiota, tan vacuamente convencional, como un crucigrama…” En Trece puntos de araña no hay cadáveres en la biblioteca, ni se anuncian asesinatos, ni hay trucos con espejos, ni hay muerte en una vicaría y tampoco el espejo se raja de parte a parte.

Con esos tres retos como bolillos, alfileres y patrón hice un tejido, como mencioné, de siete cuentos en los que se narran doce relatos. En “Besos de mariposa” se relatan dos crímenes dormidos y en “Dilución” el intento de Beatriz. En “Uno por uno” es el conteo de la cruel muerte de nueve gatos. “Una más” narra la historia de cómo Isabela se convierte en una más y a su vez se cuentan tres relatos: “Terciopelo rojo”, “La maldición o el dije de la discordia” y “Una botella vacía”. “Rosas blancas” relata lo que puede provocar un piropo y en “Dientes para Cundeamor” se narra la historia del hombre que sanaba con plantas y la de una hacedora de lágrimas de monte, “Trece” cuenta la desaparición de un parnaso. Mientras, a cuentagotas, cada relato, va develando la decimotercera historia: la de las inseparables hermanas Rosario.

Pero hubo un desafío mayor a los mencionados para lograr Trece puntos de araña: superar lo anacrónico.

II: Anacrónico o crónica de nunca acabar

La literatura, que realmente lo es, perdura, esa es la prueba de identidad a la que se someten las letras. De mayo a noviembre de 2017 Trece puntos de araña tuvo una crisis de identidad. La enfermedad y muerte de una de las tres personas a las que deseaba dedicar Trece puntos de araña y luego los vientos huracanados me sumieron en el aquí y en el ahora para responder a las necesidades básicas de los que me rodeaban, las propias y de la población a quien le coordino servicios en mi trabajo. No había tiempo ni hígado-corazón para las letras. El proyecto se estancó. Para retomar la tesis, con artilugios, tuve que convencerme que el proyecto no era anacrónico, ni carente de valor y mucho menos una crónica de nunca acabar. Y para no convertirme en una Penélope que teje y desteje palabras acepté al mutante que surgió de este proceso académico y admití que solo logré un guiño.

III: Un guiño a la literatura policiaca, detectivesca, de misterios, de intriga, negra, de problema, criminal…

¿Relatos detectivescos?

¿Es Trece puntos de araña parte de la literatura policiaca? Para poder responder a esas preguntas primero compartiré ciertos puntos de interés sobre el género que se presentan en la Poética del relato policiaco.

Los relatos detectivescos tienen como propósito mantener al lector “jugando con sus deseos de descubrir la clave de la trama”. Martín Cerezo expone que el denominador común de las obras de ficción agrupadas en lo que denomina novela policiaca, para usar el concepto más generalizado y no abonar al debate o confusión de nombrarlo de otra manera es, y cito: “obras en las que se produce un hecho criminal, una ruptura del orden cotidiano, un quebrantamiento de la ley, lo que da lugar a una investigación sobre quién ha sido el responsable del hecho.” Dentro de este denominador se pueden alterar o eliminar algunos elementos excepto: la investigación. Las preguntas que acompañan al lector son: ¿quién? ¿cómo? y ¿por qué? Los tres ingredientes principales son: el crimen, el detective y la investigación.

Para responder a la pregunta son o no son relatos detectivescos me centraré en estos tres elementos esenciales. (A diferencia de Martín Cerezo prefiero utilizar literatura detectivesca porque me parece un término más cercano a su naturaleza y de mayor amplitud, además en mi búsqueda intentaba mantenerme cercana a la línea de escritura de Agatha Christie y no a las tendencias de novela negra o criminal por eso la precisión del término. En el proceso de conocer, teóricamente, sobre la literatura detectivesca me percaté que al rendir homenaje a Christie estaba honrando a la época clásica de los años veinte y treinta del siglo pasado que tiene como exponentes más significativos, según los teóricos, a la triada Christie, Van Dine, Sayers.) Pero regresemos a la formulación de la respuesta, buscando el primer ingrediente en Trece puntos de araña

El hecho criminal

Al estudiar cada cuento encontramos un crimen:

En “Besos de mariposa” hay un asesinato y un suicidio que Carlota considera homicidio.

En “Dilución”, aunque los lectores podrían pensar que el intento fallido de Beatriz es el crimen, afirmaré que el acto criminal lo comente Carlota al inmiscuirse en el plan de Beatriz, pues su entrometimiento es una ruptura con el orden social del respeto a la privacidad e intimidad.

En “Uno por uno” tenemos asesinatos seriales. En “Una más” se da muerte, hay un hurto y una desaparición causal. En “Rosas blancas” me atreveré a afirmar que el hecho criminal es la flor y el piropo. En “Dientes para Cundeamor” nos topamos con secuestros y asesinatos. En “Trece” hay una desaparición. En la decimotercera historia el hecho criminal es la culpa.

Ante este panorama la respuesta sería: son relatos o es un texto detectivesco. Pero falta por cotejar si están presentes los otros dos ingredientes principales.

El detective

En la Poética del relato policiaco se expone que sin un detective no hay relato policial, se podría prescindir del criminal y hasta del crimen hasta cierto punto, pero no del detective; pero tampoco la literatura policiaca es sobre un detective. Asimismo, se menciona, y cito: “el detective recompone el desorden que el crimen ha desencadenado. Es el intermediario entre el autor y el lector, persigue al culpable, el lector persigue al detective. Ha de descubrir al culpable y al tiempo confundir al lector”. Por esta doble función es que muchos de los grandes detectives de los relatos policiacos tienen un compañero, para compartir las tareas de hallar y despistar. Mencionaré para ejemplificar a Hastings y Poirot o Ariadne Oliver y Poirot.

Excepto en “Rosas blancas” en los restantes seis cuentos tenemos a un detective: Carlota. En “Uno por uno” Eduardo y Luisa son sus acompañantes, y en “Trece” Isabela es el equivalente a Lucía para la Srta. Marple en la novela de El tren de las 4:50. Pero no puedo ocultar que este texto, como un todo, trata de Carlota y Luisa y en ese caso no hay detective, sino que trata sobre la detective. Podría afirmar que es quien lee el investigador, tanto en el texto en general como en “Rosas blancas”, esa es la invitación, pero me parece que transgredo o muevo de lugar las guardarrayas de lo que es o no literatura detectivesca para mi defensa. Por lo que en este punto la respuesta a ¿Es o no es? ¿son o no son? Sería: parcialmente. Pero nos falta un ingrediente.

La investigación

Martín Cerezo expresa que el relato policiaco “parte de un hecho inexplicable o desconocido y toda la narración está dirigida a explicarlo”. La investigación reconstruye lo que pasó uniendo las pistas o piezas. Este fue el ingrediente más difícil de desarrollar. Hay investigación en “Besos de mariposa”, pero hay simultaneidad entre el desarrollo de esa indagación y lo que va coligiendo el lector. Detective y lector van juntos develando el secreto, no hay una persecución detective criminal o lector detective por esa sincronización. En “Dilución” hubo investigación, pero tanto el crimen como su solución ya han pasado. Quien lee está ante un testimonial. Con cada fragmento de los testimonios se observa desde tres perspectivas lo que pasó y cómo Carlota detuvo el plan de Beatriz. En “Uno por uno” la investigación se apega más al juego de pistas, sospechosos con oportunidad y motivo, y a la búsqueda de quién, cómo y por qué. Tanto el lector cómo los detectives descubren quién de los tres sospechosos es realmente el criminal de manera simultánea y es una invitación directa a quien lee para que señale al culpable. Carlota le cede al lector el placer de descubrir o afirmar quién es el asesino serial. En los tres relatos de “Una más” la investigación se apega bastante a la estructura esperada pues esta historia es un homenaje directo al libro Srta. Marple y trece problemas. Homenaje con un dejo de parodia al género; pienso que la admiración profunda se manifiesta en el acto de parodiar, mucho más que en el de imitar. Al igual que en el libro de Christie, en “Una más” se congrega un grupo, en este caso de amigas, y cuentan historias verídicas en las que hay un misterio, en dos de ellas aparentemente sin solución. A diferencia de los trece problemas de la Srta. Marple el primero no requiere solución: Isabela, en él, es narradora, detective y, al igual que Poirot en el Asesinato en el Oriental Express, no delata al culpable o los culpables. Tanto en el relato que narra Rosa, un caso con anónimos, y luego en el que cuenta Inés, Carlota devela los misterios y escudriña inquisitivamente que en el último no hay un hurto. En “Dientes para Cundeamor” la investigación no logra el juego de encontrar y diseminar, desde el principio está claro quién es el culpable. Una Carlota niña junto a Luisa investigan, pero el detective en este relato es el tío Lino que actúa como un Némesis. En “Rosas blancas” no hay investigación, pero es clave para que el lector se adentre en el tema tabú con relación a las hermanas Rosario y en “Trece” tampoco se logra el juego de encontrar y diseminar, pero Isabela se lanza en la búsqueda de uno de los poetas de un parnaso desaparecido. Mientras Carlota desde su hogar, sentada frente al mundillo, permite que quien lee sea testigo de sus recuerdos y con ello conozca el misterio de la historia decimotercera develado frente a un espejo. A la vez, Carlota, salva las voces de los trece poetas desaparecidos para que su amiga Inés esté tranquila.

¿Son o no son? Parece que no y sí lo son, pero el texto como un todo parece que es, pero no lo es. No obstante, antes de dar una respuesta definitiva creo relevante hablar de quien lee.

El lector o lectora

Dice Umberto Eco que “el bien de un libro consiste en ser leído. Un libro está hecho de signos que hablan de otros signos, que, a su vez, hablan de las cosas. Sin unos ojos que lo lean un libro contiene signos que no producen conceptos. Y por tanto es mudo.”

En la literatura detectivesca no solo se necesita un lector para que no sea muda, también para que pueda ser.

Lo lúdico es tan esencial como los ingredientes que la determinan. El autor invita a quien lee a una experiencia recreativa donde hay unas reglas que por lo general rompe, precisamente para seducir al lector. Siempre jugando limpio con todo expuesto, el truco consiste en eso, en darle a quien lee una participación justa. Sin la disposición del lector a ser parte del juego de lo que se narra, a colaborar en el desarrollo de la investigación, no hay historia detectivesca.

Cuando concebí Trece puntos de araña deseaba sumergir al lector en una aventura de pescar pistas en cada cuento para narrar el decimotercero. Aunque en lo que mutó no presenta lo que idealicé que sería ese desparramar piezas para unirlas, el juego sigue siendo el mismo. Quien lee acompaña a Carlota a develar cada misterio, problema o disturbio que se presenta en los siete cuentos, pero a la vez con los datos que va recogiendo en cada relato, conoce el misterio que rodea a las hermanas Rosario.

La memoria de Carlota cuenta esa historia y quien lee se sumerge en ella para unir las piezas dispersas en cada cuento. Los siete cuentos tienen vida propia, pero Trece puntos de araña necesita que se lean todos los cuentos para que, más que el título del texto sea la decimotercera historia.

Cuando leía las novelas de Agatha Christie con la Srta. Marple como detective, siempre quise saber cómo esa anciana, que desentrañó misterios con un puñado de centeno, en un hotel llamado Bertram y hasta el en el Caribe, fue en su juventud y niñez, cómo llegó a conocer la naturaleza humana. Quizás por eso al intentar escribir un libro de cuentos detectivescos narré la historia de Carlota y le doy la oportunidad a quien lea de verla en su niñez y adultez: escribí lo que quería encontrar.

IV. Conclusión:

Para finalizar, con Trece puntos de araña, cumplí con el objetivo de un libro de cuentos y con el proceso de ser aprendiz; mantenerme en el género del cuento como en la literatura detectivesca fue un ejercicio de voluntad y enfoque. Los últimos dos cuentos que redacté los escribí con la cadencia de la narrativa de una novela y eso me trajo dificultades estilísticas que no pude solucionar a cabalidad y se me escapó en ello la esencia detectivesca. Es usual leer y escuchar hablar sobre la novela detectivesca como si no hubiese posibilidad del cuento en este género. Esto me hizo dudar de mi propuesta en varios momentos, sin embargo, sus orígenes están en el cuento y es la inventiva de Edgar Allan Poe quien da principios a la literatura detectivesca, así como es el primer cuentista en teorizar sobre el cuento. Por esto no me sorprende y concuerdo con Iván Martín Cerezo cuando expresa que la literatura detectivesca, tanto como cuento, novela corta o novela, funciona de igual manera: “el texto debe ser creado con una finalidad precisa, debe ser un todo único donde las piezas se acoplen perfectamente.”

Reconozco que no todas las piezas acoplan perfectamente en mi texto porque no logreé aprender el juego de los elementos dilatorios que determinan la calidad o autenticidad de las obras detectivescas. Por otro lado, para ahondar en la historia decimotercera, Trece puntos de araña, se requiere dos cuentos más y mayor suspenso.

Luego de considerar los comentarios de mi comité de tesis entiendo que hace falta una relectura del texto para limpiar a las voces narrativas de artificialidades y poder capturar con mayor veracidad ese mundo en el que no habito en letras: la lógica del realismo y, en este caso, de la realidad criminal. Además, debo verificar si cuidé la trayectoria de la flecha, si el golpe realmente deja fuera de combate, si el acercamiento es con instinto de tigre o cuán magro es el bisté.

En conclusión, en el proceso comprendí lo que muchas veces me repitió mi director de tesis: que la literatura no tiene fechas límites. No obstante, los procesos académicos sí tienen un término. Trece puntos de araña está listo como proyecto creativo académico, como literatura requiere más trabajo. Sobre si el texto es parte de la literatura detectivesca, debo responder que hay fuertes elementos, tiene una porción significativa de los ingredientes que se requieren, sin embargo, es solo un guiño a la literatura detectivesca y a sus ramificaciones: de misterio, de intriga, negra, de problema, criminal…

Punto y aparte:

Y este guiño va en memoria de Gloria Vázquez Flores y se lo dedico a Antonia Flores Rosario que, a través de ventanas, puertas de cristal y balcones intenta descifrar los misterios cotidianos del vaivén de sus hijos, nietos y bisnietos en esta nueva etapa de su vida en la que los años la aquietan. Y especialmente dedico Trece puntos de araña a Ramonita Vázquez Flores por contagiarme de la avidez por leer y sobre todo por la complicidad que fue completar la colección de ochenta y tantos libros de Agatha Christie de la Selección de Biblioteca de Oro, la mayoría rescatados del rincón más recóndito de la extinta librería Thekes y los últimos llegaron desde España, cuando aún las compras por Internet no eran la modalidad. Como punto final cierro agradeciendo: gracias a Carlos Luis Collazo Rodríguez por prestarme su nombre para los personajes principales de Trece puntos de araña.

V. Referencias:

Borges, Jorge Luis, Artificios, Alianza Cien (1995)

Christie, Agatha, Asesinato en el Oriental Express, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1993).

Christie, Agatha, El caso de los anónimos, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1992).

Christie, Agatha, El espejo se rajó de parte a parte, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1990)

Christie, Agatha, El tren de las 4:50, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1987)

Christie, Agatha, El truco de los espejos, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1991)

Christie, Agatha, En el hotel Bertram, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1998)

Christie, Agatha, Misterio en el Caribe, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1996)

Christie, Agatha, Muerte en la vicaría, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1981)

Christie, Agatha, Némesis, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1980)

Christie, Agatha, Se anuncia un asesinato, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1996)

Christie, Agatha, Srta. Marple y 13 problemas, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1982)

Christie, Agatha, Un cadáver en la biblioteca, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1997)

Christie, Agatha, Un crimen dormido, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1997)

Christie, Agatha, Un puñado de centeno, Selección Biblioteca de Oro, Editorial Molino, España (1991)

Lugo Filippi, Carmen, Los cuentistas y el cuento: Encuesta entre cultivadores del género, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan Puerto Rico 2da edición (1997)

Martín Cerezo, Iván, Poética del relato policiaco: de Edgar Allan Poe a Raymod Chandler, Universidad de Murcia (2006).

Vargas Llosa, Mario, Cartas a un joven novelista, Punto de lectura (2012)

[1] Cita de Ana Lydia Vega en “El catecismo cuentístico de Scalada Lugo”, palabras de presentación del libro de Carmen Lugo Filippi Los cuentistas y el cuento.

En pocas palabras: Tesis aprobada.

Trece puntos de araña: ¡Pronto!

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