Historia de cómo a la sietemesina Antonia le brotaron personitas

Por: Rita Isabel

            Ayer abuela cumplió 99 años. Hoy, a un día de su año nuevo personal, comparto un intento de libreto que escribí cuando todavía no me había apalabrado del todo y Libros Pasajeros ni siquiera era una idea. Me inspiré en las “Ventanas sobre la palabra” del libro Las palabras andantes de Eduardo Galeano. Con mis Tres Santos Sobrinos, la participación musical de mi primo Pedro y de Chabela, el apoyo del familión montamos el libreto para celebrar un cumpleaños de abuela. Fue al aire libre en el monte que habito. Sonrío cada vez que leo el libreto y veo las fotos de ese día. Esta es una invitación a sonreír porque como diría Galeano de tiempo somos… y de palabras.

Historia de cómo a la sietemesina Antonia le brotaron personitas

Personajes:

                        Memoria 

                        Recuerdo

                        Palabra

Palabra coloca cajitas de música y les va dando cuerda. La idea es que suenen constantemente durante el tiempo previo al comienzo.

Recuerdo:     -Comenzar una “cosa”, no es tarea fácil. Se necesita abstenerse u omitir cualquier sonido, acción o algo por el estilo. Aunque podría ser una cuestión de pura organización. Es por esto, que dar principio es un ejercicio de voluntad. En nuestro caso particular mientras ustedes (señala al público) permanecen en silencio y atentos, a Memoria, a Palabra y a esta servidora Recuerdo nos corresponde cumplir con la encomienda de comenzar, partiendo de una aparente nada. Pero quizás me equivoco y los comienzos son sólo un cambio que se percibe a través de los sentidos y atrapa la atención del que lo percibe. Por lo tanto… (Mientras habla acomoda a Memoria y Palabra, luego se sienta junto al público)

Palabra:         – Memoria.

Recuerdo:     – ¿Qué?

Palabra:         – Memoria.

Recuerdo:     – ¿Qué?

Palabra:         – Memoria.

Recuerdo:     – ¿Queeeeeé?

Palabra:         – Comienza.

Memoria:       – ¿Quién yo?

Palabra:         – Sí tú.

Memoria:       – Yo no.

Palabra:         – Pues, ¿quién?

Memoria:       – Pues, tú.

Palabra:         – (Respira profundamente como para coger impulso) Damas y caballeros, caballeros y damas… para ustedes un recuerdo, o sea una cosa, un gesto que se regala en testimonio de buen afecto o un aviso que se da de una cosa pasada… estamos aquí reunidos para entregarles un recuerdo, para recobrar, para volver a pasar por el corazón, para rememorar una…

Memoria y Palabra: – ¡Una historia!

Palabra:         – No un cuento.

Memoria:       – Ni un dramón.

Memoria y Palabra: – (Solemnemente) Una narración de los acontecimientos pasados y dignos.

Palabra:         – No es una historia de ciencia-ficción.

Memoria:       – Ni de espantos.

Palabra:         – Mucho menos de encantos.

Memoria:       – Es una historia sin anillos, serpientes o nave espaciales.

Memoria y Palabra: – Es la historia de la madre, de la madre, de una madre.

Recuerdo:     – (Desde su lugar en el público) No, no, no un momentito es la historia de una mujer.

Memoria y palabra:  – (Carraspeando para aclarar la voz y afirmar solemnemente) La historia de una mujer.

Palabra:         – Una mujer del cotidiano.

Memoria:       – Una mujer de pies enraizados y alma viajera.

Recuerdo:     – (Desde su lugar) Una mujer que llama a la común unión, que conoce el justo valor de las pequeñas cosas. Una mujer que sabe amar, pero que sobre todo sabe ser amada. Nuestra consciencia. Su mirada nos eleva al infinito. Su ruego mañanero antes de empezar las faenas del cotidiano nos renueva, religa, reúne al origen. Pero retomemos, retornemos.

Palabra:         – Es la historia, la gran historia de… (Lo interrumpe Memoria)

Memoria:       – …de la Madre de Calcuta.

Palabra:         – No… (Antes de que puede decir algo lo interrumpe nuevamente Memoria)

Memoria:       – …de la educadora y pacifista italiana María Montessori.

Palabra:         – No…

Memoria:       – ¡Ya sé! De la química y física Marie Curie.

Palabra:         -¡Nooo!

Memoria:        – (Como preguntando) ¿Ana Roqué, Celestina Cordero, Julia de Burgos, Rigoberta Menchú, Blanca Canales, Frida Kahlo, Nilita Vientos Gastón, Lolita Lebrón, ¡me doy!

Palabra:         – Es la historia de Antonia Flores Rosario, Doña Antonia, titi Toña, Toña, Madrina, Abuela Toña, Abuela Toñita, Abuela, Antonia.

Memoria:       – ¿La sietemesina?

Palabra:         – Si, la historia de cómo a la sietemesina Antonia le brotaron personitas.

Recuerdo:     – ¡Antonia! (Se levanta del lugar donde ha permanecido hasta el momento, y mientras Palabra y Memoria cantan, va colocando la utilería que hasta el momento ha permanecido guardada.)

(Como las letanías al rezar el rosario)

Palabra:         – Frágil sietemesina.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Ferviente aprendiz.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Ávida lectora.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Tejedora de ensueño.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Devota del amor.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – La gran madrugadora.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Jardinera encantadora.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Cocinera excelente.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         – Coleccionista de dedales.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         -Maratonista de pasillo.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         -Maestra del bordado.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         -Amante del silencio.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         -Golosa, golosita.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Palabra:         -Ángel de la guarda.

Memoria:       – La abuela de todos nosotros.   

Memoria:       – Todo comienza como en los cuentos de hadas.

Palabra:         – Había una vez y dos son tres que sino era pan era café, sino era café era chocolate, sino era chocolate era té, sino era té era el jugo de TANG que prepara abuela.

Memoria:        – Había una vez y dos son tres, un espacio y un tiempo. El decimoctavo día, del séptimo mes de 1921 fue un día de gran conmoción en un humilde hogar de nuestro terruño.

Palabra:         – Doña Ramona que estaba en su séptimo mes de embarazo se puso de parto y Don Antonio su esposo corrió en busca de la comadrona. Ese día nació una niña prematura, sietemesina.            

Memoria:        – Sí, ese fue el día en el que nació Antonia y no el día noveno del noveno mes como dice su acta de nacimiento.

Palabra:         – Era tan pequeña, minúscula y frágil que cabía en una caja de zapatos.            

Memoria:        – Antonia, como he afirmado, nació en el mes de julio, mes de fiestas y enlaces, mes en que se solemniza el amor.

Palabra:         – Pero el tercer día del mes tercero del año 1919 su historia comenzó a escribirse. Pero, esa sería otra manera de contar esta historia.            

Memoria:        – La piel de la recién nacida era tan fina que parecía transparente. Temían por su vida.

Palabra:         – Pero la luz y el conocimiento sobrenatural o supernatural con que sin ver se cree, dio origen al hecho explicable sólo por el amor de una madre con aroma a rosas y a un padre todo bondad.           

Memoria:        – Antonia se aferró a la vida con la fuerza y la voluntad que aún hoy la caracterizan.

Palabra:         – Y el tiempo pasó con su habitual sucesión de nacimientos.          

Memoria:       – Y siempre el amor fue palpable en ella.

Palabra:         – Sus manos fueron (son y serán) dignos instrumentos de la inteligencia; cargaron baldes de agua, bordaron, tejieron, escribieron, cocinaron, lavaron, acariciaron, sembraron, calcularon y disciplinaron con varitas de amapola. Pero esto último fue después de que brotaran los renuevos. (Mientras Palabra menciona todo lo que hacen las manos de Antonia, Recuerdo dice los verbos en presente.)

Memoria:        – Sí, mucho después. Y como en una historia de amor llegó a su vida el que nació con el silbido de un tres de marzo. ¡Marzo mes de ventolera! (Silban como abuelo llamando al viento tres veces.)

Palabra:         – Eleuterio, Emeterio,  Teeeyooo (como en la lejanía), su amado Antero, Don Antero, Abuelo Antero.       

Recuerdo:     – También al amado le brotaron personitas, pero esa es otra manera de relatar esta historia. Historia en la que uno más uno es igual a uno, y uno es igual a todos.

Palabra:         – Las personitas le brotaron como seres y haceres, muy fácilmente, amorosamente.                  

Memoria:        – La primera personita que le brotó fue encomendada al patrón de los neonatos, de los que no han nacido.

Palabra:        – San Ramón. 

Memoria:       – La segunda personita surgió un sábado de Gloria.

Palabra:         – Y hubo una tercera que creció mucho en su vientre y tiene nombre de reina. Y hubo una cuarta que es testimonio palpable de que el amor existe.

Memoria:       – Y el quinto brote surgió el día de Santa Rosa de Lima.

Palabra:         – Por eso en el acta de nacimiento no lleva el nombre de Herminia.          

Memoria:       – El sexto brote fue una fiesta.

Palabra:         – Y un milagro a base de catorce días con puro líquido, dos pintas de sangre fajardeña, la determinación de la doctora Marta y la fuerza y la voluntad de vivir de la sietemesina Antonia.

Memoria:        – Mamá Tita, titi Marzo, titi Enrique, titi Fela y otros nombres que se me escapan al lugar de las palabras no dichas o se quedaron en la punta de mi lengua fueron testigos de cómo a la sietemesina le brotaron personitas.

Palabra:         – Y no hubo marcha atrás, las personitas se multiplicaron en su piel.

Recuerdo:     – Elenita.

Palabra:        – Con la que Antonia salía en busca de una estrella vacuna.

Memoria:       – Y que pensaba que las abuelas no pegaban.

Recuerdo:     – Carlitos.

Memoria:        – El cómplice de escapadas de Abuelo Antero, se fugaban en el cheep rojo a pescar en el saca piojos.

Palabra:         – Y el que en cada acción reafirmaba aquella frasecita celebre frente al hormiguero…

Memoria:       – Abuela, déjame hacer lo que a mí me da la ganita.

Recuerdo:     – Carlos Enrique.

Memoria:        – El galán caballeroso que les ponía el cachetito al abuelo y la abuela, después de sendos abrazos, para que le plantaran un beso.

Recuerdo:     – Luisito.

Palabra:         – El que compartió con la abuela sietemesina y el abuelo del silbido de un tres de marzo su primer aguacero.

Recuerdo:     – Marianista.

Memoria:       – ¡Un caso! La trepa palos.

Palabra:         – Que recibió las reprimendas de su abuela al subirse en los árboles, sin saber lo del palenque de maya y otros cuentitos de los tiempos mozos de la sietemesina.

Memoria:        – Por cada espina que le sacaba mamá a la sietemesina, le daba un chancletazo por haberse subido a coger guayabas y caerse en las mayas.

Recuerdo:     – Javier.        

Palabra:         – Un bebé jugosito y comelón, al que entretenían en una mecedora de cuerda y que siempre que iba con mandados para la Abuela le decía de inmediato… 

Memoria:       – Abuela, yo me tengo que ir.

Recuerdo:     – Glori.           

Palabra:        – A la que la sietemesina le desenredaba el pelo amorosamente.

Memoria:       – Los ojos chulos del enfermero Figueroa.

Recuerdo:     – Papitín.       

Palabra:        – El de la hermanita terrible.

Memoria:       – Respetuoso y atento.

Palabra:         – Viendo la vida desde su propia perspectiva.

Recuerdo:     – Rita.

Memoria:       – La que berreaba como las cabritas.

Recuerdo:     – Brenda.      

Palabra:         – La bien amorosita que siempre traía un recuerdito en la mano para la abuela sietemesina.

Recuerdo:     – David.         

Memoria:       – El bebé de la carita melancólica y principesca.

Recuerdo:     – Tati.

Palabra:        – La basilisco, la terrible escapista descalza y en pijama.

Memoria:        – La que después de beber leche de cabra trepaba hasta por las ventanas.

Recuerdo:     – Pedrito.      

Palabra:        – El incorregible pregonero de mandados.

Recuerdo:     – Toño.          

Memoria:       – El que nació casi transparente.

Palabra:         – El del rosarito para que la abuela rezara y el de las zapatillas de lana para que a la abuela los pies no se le enfriaran.

Recuerdo:     – Ezequiel.   

Memoria:       – El negrito de abuela, el de los abrazos de oso.

Palabra:        – El del encargo ancestral.

Recuerdo:     – Guillermo.  

Memoria:       – El del te quiero mucho.

Recuerdo:     – Chegüi.      

Palabra:         – El que consiguió un gemelo para el niñito Jesús.       

Recuerdo:     – Chemie.     

Memoria:       – El que ni en sueños dejó a su Abuelita subirse a una rama seca del cucurucho de la Reina de las Flores como un ruiseñor.

Recuerdo:     – Chemie y Chegüi, José Miguel y José Luis, los gemelos, los babulos, los cocodrilos, los eternos bebés.             

Palabra:        – Con sus pañales exprimimos la leche de coquito.

Recuerdo:     – Sara Angélica, Manuel Armando, Bernardo Andrés, Natalia Cristina, Carlos Francisco, Ariel, Carlos José, Adriana, Alexandra, Cristian Adrián, Joseph, Abdiel, Valeria, Paola, Layra Mey, Natalia Ailed, Amilcar (Anonimatos), Francisco Giovanni, Sebastián, Elga Giulianna, Aleysa Isabel, Debanhi, Ethan Manuel, Sarahí, Killian Robert, Ezequiel…

Memoria:       – Y los que están por venir.

Palabra:         – Pero esos son tan sólo los brotes familiares, los que tienen una explicación natural.

Memoria:       – Hay otros brotes.  

Palabra:        – De otras personitas.

Memoria:       – Que la conocen o conocen a sus brotes.

Palabra:         – Y todos están adheridos a su piel, a cada poro de su piel, a cada ruego de su alma.

Recuerdo:     – Por eso la narración de la vida de la sietemesina Antonia trasciende las dimensiones del tiempo y el espacio en el que nació, nace y renace.       

Palabra:        – Y colorín colorado esta historia…

Memoria:       – …de cómo a la sietemesina Antonia le brotaron personitas…

Palabra:         – …apenas ha comenzado.

Publicado por Libros pasajeros

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