Ramonita: Séptima entrega

Por: Rita Isabel

Pleamares de la vida o Después del funeral, la memoria carece de precisión, pero regresa a su ritmo con ton y son a la historia de Ramonita Letraherida. La luna subió y bajó mareas, una y otra vez, en su ciclo de guiños en creciente y en menguante. Monín ya tiene más de 25 años, pero aún no llega a los treinta. Ya el azar y el libro de Historia y filosofía de la educación aunó su andar por la vida con un Letraherido. Llegó a su historia un don Quijote de la mancha de plátano, práctico como Sancho y lector de Krishnamurti. Coincidieron en un curso en una sección que por equivocación matricularon a Ramonita. Un día, él le pidió el libro de la clase prestado porque no había podido leer en la biblioteca la lección de ese día. Después de muchos cafés declinados y aventones rechazados, luego de una presentación formal a la salida del taller de costura, compartieron una amistad entre lecturas, cine y horas santas. Vivían muy cerca, sus hermanas eran amigas y entre historias decidieron escribir una propia.

Después del funeral o Pleamares de la vida, el recuerdo no logra dar con el título preciso. De visita en la casa familiar Letraherida se topó con un libro de Agatha Christie que una de sus hermanas, Delia, había dejado olvidado en la casa paterna luego de su viaje y estadía por Europa. Un libro que había viajado y que llevó a Ramonita a comenzar una travesía de letras inquietantes.

Se adentró en La cada torcida, viajó en el Oriental Express, fue testigo de cómo El espejo se rajó de parte a parte, sintió el Peligro inminente, escuchó al Testigo mudo, puso Las cartas sobre la mesa, descubrió que Matar es fácil. En fin, leyó desde los Primeros casos de Poirot hasta Telón, desde Srta. Marple y trece problemas hasta Un crimen dormido. Durante años, décadas, buscó los ejemplares de las obras de Christie de la Selección Biblioteca de Oro y los coleccionó. La mayoría los halló en la esquina más recóndita de la extinta librería Thekes y los últimos llegaron desde España, como en 1999, de las manos de una sobrina también letraherida.

Su relación con la escritora de la “suprema habilidad narrativa para llevar al lector por el camino del engaño” la llevó a ser la abuela de Trece puntos de araña. En infinidad de ocasiones logró superar a la reina de los golpes de efecto descubriendo al responsable del acto criminal antes de ser develado por la Srta. Jane Marple, Hércules Poirot, Tommy y Tuppence Beresford, Parker Pyne o el Enigmático Mr. Quin. Mas en un sinfín de ocasiones se quitó el sombrero ante la maestría de los diálogos de Christie, la plasticidad de sus descripciones y cómo lograba enredarla en sus historias.

Entre Poirot y Marple elegirá a Jane. Entre todos los títulos escogerá a Némesis. ¿Por qué Jane Marple? Porque pasa desapercibida pero siempre da en el clavo, porque es una figura femenina inteligente, astuta, humilde y conocedora de la naturaleza humana.

«Creo estar viéndome tal como soy», consideró para sí, miss Marple. «Existen muchas mujeres como yo, con cualidades muy semejantes [curiosa, carácter inquisitivo, le gustaba hacer preguntas, hacer averiguaciones]. Desde luego, soy un tipo ordinario. Lo cual constituye un camuflaje excelente. Yo, a veces, se cómo es la gente. Y lo sé porque unas personas me recuerdan a otras que he conocido con anterioridad. En consecuencia, me quedo impuesta de sus faltas y de sus virtudes, por igual. Sé, por tanto, de qué clase de seres se trata, Sí, eso es…»

¿Por qué Némesis? Fue de sus primeras lecturas de Agahta y eso la hace especial, pero sobre todo porque al toparse con ese título no sabía lo que significaba esa palabra y Letraherida además de devorar historia captura palabras para el glosario que habita en su memoria. ¡Cómo era posible que no hubiese leído esa palabra antes! Título, historia y detective la cautivaron.

Némesis en la mitología, diosa de la venganza y de la justicia distribuida. Para los griegos era la personificación del sentimiento del derecho, según el cual repartía la suerte y la desgracia, considerándosela vengadora de toda maldad y castigadora del orgullo y del amor ultrajado. También se le consideraba enemiga de la felicidad.

¿Por qué Agatha Christie? Porque admira las descripciones, cómo retrata el entorno, pero también la sociedad, los prejuicios, porque siempre le ha gustado el reto intelectual, los enigmas, las adivinanzas y cada historia de Christie es un gran acertijo.

Después del funeral o Pleamares de la vida, Ramonita no recuerda con cuál comenzó a leer a Christie, pero conocer las letras de la autora de Muerte en las nubes ha sido un continuo Misterio en el Caribe, un Destino desconocido, una Trayectoria Boomerang…

Publicado por Libros pasajeros

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