Como las cabras: Coral

Por: Rita Isabel

a la sietemesina Antonia(mi abuela) que en julio cumple 95 años

          Ambas compartían el mismo nombre y sentían una gran predilección por el azul. Por eso, cuando la nieta preguntó, la abuela respondió con un tejido de palabras.

          En uno de tantos comienzos, cuando se existe pero no se es…

          Una minúscula partícula de existencia, que podría ser, habitaba en el azul. En el quinto color del espectro solar, en el azulino cósmico, planetario, oceánico, en el azulado mar caribeño, en el celeste antillano, en el azul candente y tropical, palpitaba. Era tan intenso el azul que su existencia se convirtió en un viaje infinito. En ese viaje, ya cerca de un destino finito, se encontró con los vientos alisios. De ese encuentro, el azul, se transformó en aliento.

          Como aliento encarnó en un cuerpo. Como cuerpo tomó conciencia. Como conciencia cobró identidad. Como identidad eligió un nombre; un nombre para despistar.

          Semejante respuesta dibujó en el rostro de la nieta un mapa de interrogantes; en el rostro pícaro de la abuela, desdibujó el paso de los años.

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