Ramonita: Segunda entrega

Se te van a secar los ojos

Por: Rita Isabel

Ramonita Vázquez Flores

La pequeña Monín aprendió cada uno de los signos gráficos del alfabeto y comprendió la magia de unirlos en la escuela Amalia Marín. Tanto para aprender a trazar las letras del recién nombre propio como para descubrir cómo las letras formaban palabras y esas palabras podían contar historias o sucesos tuvo que hospedarse de lunes a viernes con titi Felí. En aquella época la familia Vázquez Flores vivía en el sector al que llamaban Hoyo Frío, del barrio Monacillos de Río Piedras. Eran tiempos de trabajo ininterrumpido no había ni un respiro para llevar a la primogénita hasta la Ana Roqué, escuela a la que le correspondía asistir. La hermana de la sietemesina Antonia era la encargada del comedor escolar de la Amalia Marín y gracias a ella Monín pudo ir a la escuela y descubrir mundos a través de las palabras. Cuentan que, cuando aprendió a leer, don Antero, el que sabía cuándo y cómo llevar sombrero, le daba el suplemento de tirillas cómicas del periódico. Los cómics en el periódico y más adelante los paquines que compraba con la peseta que le daban para la merienda le presentaron las aventuras de Roldán el temerario, Mandrake el mago, El fantasma que camina, Tarzán, Buck Rogers, La pequeña Lulú y muchos otros personajes que la acompañaron en sus niñez y adolescencia. Parajes y aventuras se sucedieron de palabra en palabra y la pequeña Monín absorbió como esponja viva significados y significantes, acepciones y definiciones de cada palabra novedosa. En su enorme, hermosa e inquisidora mirada se podían ver conceptos del glosario que habitaba en su memoria. Se dice que la encomendada al santo sin nacer y mártir sin morir desarrolló destrezas lexicográficas que más adelante harían pensar a su progenie (y a la progenie de su progenie) que poseía poderes sobrenaturales. Con o sin súper poderes la pequeña Monín se transformó en una devora historias y en una captura palabras. Y… no, no se le secaron los ojos de tanto leer.

RAMONITA: Primera entrega

Por: Rita Isabel

Ramonita Vázquez Flores

Cuentan que, gracias a San Ramón Nonato santo sin nacer y mártir sin morir, nació la primogénita de la sietemesina Antonia y de don Antero el que sabía cuándo y cómo llevar sombrero. Aseguran que tal acontecimiento ocurrió un tres de diciembre de mil novecientos cuarenta y uno. Dicen que heredó la mirada de su padre y la delicadeza de su madre. Creció respondiendo al nombre de Monín. La pequeña pensó que así se llamaba hasta que llegó a la escuela y al aprender a escribir trazó otras letras para su nombre: la ere, la a, la eme, la o, la ene, la i, la te y la a. Desde ese día tuvo dos nombres: Monín para los más cercanos, Ramonita para los espacios que requerían firma e identificación. Pero cuál sería su asombro cuando ya joven, muy probablemente en las gestiones de admisión para comenzar en la universidad, descubrió que ese tampoco era su nombre. Ramonita Vázquez Flores tenía en sus manos, por primera vez, su certificado de nacimiento. El nombre no se alejaba del milagro que le dio la vida, era tocaya de su abuela materna: Ramona. La memoria, que le gusta jugar con cuándo y cómo se recuerda, la hizo rememorar algo que escuchó de niña: aquella maestra de primer grado la bautizó como Ramonita porque Ramona era un nombre muy grande, muy fuerte para una niña delicada y minúscula. Ramona, Ramonita, Monín… Su firma sigue trazando la ere, la a, la eme, la o, la ene, la i, la te y la a. La llaman Monín, doña Monín, Ramonita, mami, abuela Monín, abuela y en muy pocas ocasiones, unos pocos, hasta por Moncha, pero jamás Ramona. Gran hada madrina aquella maestra que, a cambio del derecho de cambiarle el nombre, le regaló a la aprendiz Monín dos grandes dones: la magia de la lectura y el hechizo de la palabra.

De ese poder, el poder de la palabra que habita en Monín es de lo que hablaremos en:

¿Cuándo? Cada tercer día de cada mes.

¿Hasta cuándo? Hasta el 3 de diciembre de 2021.

¿Por qué? Ese día la primogénita de Antonia, la de una historia de flores, y de Antero, el del silbido de un tres de marzo, cumple ochenta años.

¡Festejamos desde hoy!

Pronto: Dos nuevos proyectos en Libros Pasajeros

Ventana sobre Libros Pasajeros en el 2020

Por: Rita Isabel

(Adaptación del escrito de Eduardo Galeano “Ventana sobre el tiempo” del libro Las Palabras Andantes)

Ha llovido, aguaceros de tiempo y distancia, desde la ocasión más reciente en la que parafraseé a las “Ventanas sobre el tiempo” de Galeano. El 2020 amerita volver a las andadas.

Gracias a todas las personas que fueron parte del quehacer creativo de Libros Pasajeros durante este año, sobre todo a las Manos que conspiran y a las que inspiran. Mi gratitud a quienes leen mis palabras. 
Rita Isabel, agradecida.

En Libros Pasajeros enero fue tiempo de Tinta fresca con la reseña Fantasmagoría criolla por José Borges.

En febrero aparecieron las ideas descabelladas y las gestiones andariegas, se fraguó En ruta.

En marzo fue la presentación temeraria en la Librería Mágica, un día antes de anunciarse la cuarentena, con el apoyo incondicional de las Manos que conspiran, las palabras amigas de Zambrana y un brindis inesperado por Emilio del Carril.

Abril, tiempos de silencios y pausas, todo fue desde el hogar.

En mayo, comenzó la temporada de tormentas de ideas.

En los días de junio, el blog se llenó de «En pocas palabras» y de «Mi abuela niña». Y se develó nuestro vínculo con Calamity.

Hubo fiesta en julio: se desempolvó un documental que comenzamos a trabajar antes de la existencia de Libros Pasajeros. Gracias a Creative Depot y Todes vamos pa’ viej@s, se dio a conocer Antonia: Una historia de Flores. También en julio llegó a nuestras manos La estampita sin nombre gracias a Jotham Malavé.

Agosto, cielo rojo, fue tiempo de rememorar siete años de Libros Pasajeros y escuchar a la «Legión de niñas«.

En la luna madura del noveno mes y no en luna verde, entrevista con Libros 787 y estreno de la presentación virtual: En ruta. Una vez más Manos que conspiran (y voces también), dijeron presente a los embelecos de Ritabel.

Octubre suplicamos a Barlovento que soltara la palabra, se leyó y editó.

En noviembre, mandó el más allá, con la publicación en el blog de «Algo se asoma».

En diciembre se diagrama y diseña, las letras celebran.

¿Qué nos depara el 2021?

¡Dos nuevos proyectos y mucho más!

Mañana un adelanto de lo que será.

¿En busca de lecturas para adolescentes?

Muchos de estos libros atraparon con sus historias a jóvenes que jamás admitirán que disfrutaron leer una novela. Algunos han sido el trampolín para lanzar a jóvenes a deseer leer algo más o en español. Si estás en busca de lecturas de iniciación para adolescentes, por aquí una muestra ejemplar de literarura en español, tanto para quienes no leen ni por obligación como para comelibros en potencia.

Novelas

Ustedes, ¿cuáles recomiendan?