Rafael Flores Orozco en Libros Pasajeros: Hijo del campo

“Hijo del campo,

Pa’ ti el monte

Pa’ mí un encanto

Vida tranquila

Noche de manto

Coquí en la esquina

Grillo en su canto

Navidades con neblina

Canciones a los santos

Trullas que se arriman

Unidos como lazo

Ron pal que se anima

Te recibo con abrazo

Pa’ todos comida

Gente buena es el caso

Felicidad es vida

La fiesta no la paro

Mañana fría

Montañas a lo alto

El viento pita

Olor a barro

Mejor vista

Sol pa’ apreciarlo

Luna que brilla

Sueños los amarro

Árboles de silla

Caballos son carro

Metido en la finca

Ver lo que narro

Esto nadie me lo quita

Por que soy hijo del Campo…”

CON100T

Rafael Flores Orozco: El escrito o rimas porque realmente no sé cómo llamarle, es mi descripción, amor y orgullo de donde vengo. Al momento de escribirlo pensé mucho en la época de navidad, mis abuelos como parte esencial de ese amor que me amarra al barrio y la figura del jibar@ que para mí es un orgullo cuando para otros es un tipo de burla. Sigo y seguiré siendo hijo de este campo.

Rafa en Libros Pasajeros

Carmen Santiago Acevedo en Libros Pasajeros: TROGLODITAS

Me dispongo a caminar a la librería del área. El barrio que era antes, destruido por los embates de un huracán reciente, es ahora un conjunto de sueños glorificados. Una esquina de la avenida y sus edificios aledaños componen un mundo ideal, donde no hay paredes despintadas, donde cruzamos los mismos, los de siempre.

Al menos, si estas en busca de intelectualidad y saberes allí están disponibles.

Mesas llenas de lecturas nuevas y viejas se amalgaman en anaqueles perfectamente ordenados.

El que ordena y atiende en ese mágico lugar, es un autor de los nuestros, olvidé su nombre, solo reconocí el rostro serio, puntual, con la sonrisa en sus labios y también su demencia.

Nos cruzamos saludos mañaneros, felicitaciones de un año que está por comenzar, y del que no sabemos que traerá, o en realidad lo sabemos (creo que ambos sabemos) y lo ponemos debajo de la mesa, mientras hablamos.

Cual ratón de biblioteca, rebusco en lugares que creo no haber visto, en tantas visitas que he hecho a ese lugar. Los anaqueles son iguales, los títulos nuevos, o el recuerdo no me deja llegar, los he repasado en más de una ocasión.

Nuevos autores y autoras se cruzan en mi camino, de Brasil, clásicos de Rusia, poemas del Caribe y agradezco a las manos que se ocupan de traducirlos y ponerlos en textos que leemos en el idioma materno.

Ahí me siento, selecciono, Mare Nostrum, dice de poemas de una de las nuestras, y otro de un autor ruso que cuenta las rebeliones de uno de tantos países oprimidos, a ver si aprendo algo.

Ordeno el café, me siento, hojeo poemas, escojo los que voy a leer hoy y llegan de manera intempestiva, ruidosa, irrespetuosa para mí un grupo de varones, a sentarse a la mesa, donde calladamente, estoy leyendo.

Ninguno dice buenos días, creen que no es importante, no cruzan mirada ni conmigo, ni con algún ser vivo de las mesas aledañas.

Antes de su llegada, estaba sola en la mesa, ya el silencio no será mi acompañante. Son seis, testosterona “ful”, ninguno saluda, ni uno y eso que levanto mi mirada en varias ocasiones, para darles oportunidad de los buenos modales. Ni unos buenos días. Hablan entre ellos, parecen una manada.

Acomodo mis libros más cercanos a mí, asumo que usaran la mesa para almorzar, aunque hasta ahora no ha habido ningún intercambio. Comienzan a sentarse de uno en uno, el mundo solo para ellos.

Levanto la vista en varias ocasiones, pienso en las madres, tías, abuelas, maestras que tuvieron a su alrededor en la niñez, en la adolescencia, en la temprana adultez. Quizás alguien quiera cruzar mirada, pienso, nada. No hay ni intercambio visual, ni soñar con alguno verbal.

Hay uno del grupo más vocal, como en toda manada. Habla más alto, hace chistes para llamar la atención de los otros y luego los demás lo imitan.

Sacan un aparato de sus mochilas, que no reconozco, tamaño pantalla pequeña, algo electrónico, y cada uno saca uno similar, y lo coloca frente de sí.

Uno le recuerda a otro que ese es su control remoto.

Entre leer y levantar la vista para recrearme en el comportamiento social de este grupo, intento descifrar; no es un teléfono, no es una computadora, no es una tableta.

Todos miran atentos a sus pantallas, son seis, así que asumo por los comentarios, que juegan entre sí. Juegos y aparatos que no existían cuando yo nací en 1966. Ahora comprendo que el juego es compartido. Se divierten, parece, por sus expresiones, sigo en los poemas, menos mal que Mare Nostrum me acompaña. Levanto la vista de cuando en vez y de vez en cuando, por segundos, mi pausa se extiende a varios minutos, a veces, nadie quiere comunicarse, al menos no con humanas que compartimos mesa en un espacio público. Risas, nada. Leo la mitad del libro de poemas, les comienzan a traer sus almuerzos a la mesa, de uno en uno.

Temen soltar el aparato, algo temen soltar. Imagino, llego a conclusiones sin saber. Y luego de uno en uno, lo colocan en la mesa, el aparato, toman sus tenedores y cuchillos (alivio de que no fuesen a comer con las manos) para picar lo que parece pollo. Lo devoran, recojo mis libros, agrupo mi taza del café y mis desperdicios. Quiero irme, vuelvo y miro. Me levanto cuidadosamente, digo en voz audible “Buen provecho”. Uno de ellos el más cercano a mí en la mesa, se digna responder “Gracias”, escucho.

Trogloditas.

3 de diciembre de 2017

Carmen A. Santiago Acevedo: Creadora, observadora de la Vida, ciudadana caribeña, boricua…

Año de nacimiento: 1966 (Mayagüez, Puerto Rico)

Trogloditas: El cuento surgió de manera breve, brevísima, sentada en la Librería AC de Santurce el 3 de diciembre de 2017, año de muchos golpes, mucho dolor, dolor patrio compartido por todos. En esos años, y en todos los años que recuerdo desde adolescente, agarro cualquier libreta y escribo mis pensamientos, lo que siento de una manera espontánea.

Todo paso de manera real, así que asumo es una narrativa anecdótica. Allí, sentada buscando la calma, la serenidad, momentos de lectura, se acercaron los personajes reales de esta anécdota. Solo les añadí una manera de llamarlos. Les nombré Trogloditas, porque en los recuerdos de mi niñez rodeada de familiares adultos, padre, madre, tías, tíos, abuela, una de las cosas que se  resaltaba eran los modales. No practicarlos en ese tiempo, era renunciar a tu clan. Ser educada era sinónimo de pertenecer, de ser una ciudadana valorada en la sociedad. Los trogloditas en mi mente se definen como personas, (parecidos a lo que imaginamos en época de las cavernas) que ocupan un cuerpo humano pero que en su actuar, recrean lo peor de sus modales o, como no han evolucionado socialmente, actúan con comportamientos como los que imitan de animales que tienen a su alrededor. Seres humanos que por opción deciden negar aquellas buenas costumbres que muchas personas en sus grupos cercanos les enseñaron. El término exagera, a propósito, sus comportamientos de mala educación y les asemeja más a seres que no reconocen la presencia de otros en su caminar diario y que actúan desde la inconciencia, imitando a otros.  El término denota torpeza, desdén, desprecio de las otras vidas, acciones rudimentarias, por eso Trogloditas. 

Se me atropellan las palabras al escribir manualmente, porque llegan todas a la vez, como las ideas y así fue al escribir esta anécdota.  

Felicito a Libros Pasajeros en su aniversario, por enlazarnos, por ser puente, por mantenerse vivo, presente, tejiéndonos como telaraña.

Carmen en Libros Pasajeros

Adriana Flores Orozco en Libros Pasajeros: Las festividades

Las festividades

Ya mismo ¡sí! llegan las festividades.

Época del año, donde el olvido no es bienvenido

y me vienen a visitar los muertos

regalándome hermosos recuerdos de la tradición familiar.

Ya mismo ¡sí! llegan las festividades.

Fecha donde escucho voces predilectas

que me hablan de datos culinarios estrictos…

en una sola falla al dato culinario

es razón para que los difuntos se escuchen

riendo a carcajadas con burlas o regañando por tan mala elaboración.

Ya mismo ¡sí! llegan las festividades.

Momentos en donde la memoria es como una grabadora

y aparecen hermosas melodías que te hacen pensar sutilmente

en las voces de los que cantaban ayer y ya hoy no están.

Ya mismo ¡sí! llegan las festividades.

Tiempo en que se va terminando el año,

las tristezas y alegrías aumentan,

porque es donde me despido de mis queridos muertos,

para así esperarlos al próximo año…

y en ese momento crece mis sentimientos

al contemplar el cielo oscuro con fugaces pirotécnicas

que dan brillo a mis pupilas.

   – Adriana F.O.

Adriana Flores Orozco: Dicen que las personas que tienen el don de dar con el corazón, la vida siempre les regresa todo lo bueno que han dado al mundo. También dicen que las personas que tienen una fe inquebrantable son las capaces de devorar o destrozar el miedo y es así como me defino, una dadora de corazón y de fe inquebrantable.

Fecha de nacimiento: 18 de agosto de 1998, Caguas, Puerto Rico.

Preparación académica: Bachillerato en Cultura Turística de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Carolina

Las festividades: es un poema que escribí durante la época de Navidad donde la mayor parte de mi familia se reúnen cálidamente ya sea para hacer una comida, una fiesta o llevar parrandas. Muchas veces para este tiempo las personas mayores juegan un papel muy importante en la vida de los más jóvenes; es decir que para el tiempo de las festividades nuestros abuelos o padres nos enseñan hermosas tradiciones que no debemos olvidar, pero… ¿Qué ocurre cuando esas personas mayores ya no se encuentran entre nosotros? En mi caso empiezo a sentir la nostalgia de los recuerdos del ayer, pero aun así una parte de mi sabe que no todo está vacío que aún esas personas que ya no están presentes en carne y hueso siguen allí observándonos con su espíritu. Por otro lado, el poema culmina con la fiesta de Despedida de Año pues todos sabemos que al culminar el año empiezan los abrazos entre los familiares para luego recibir el nuevo año, en esta transición del tiempo es donde me despido con un grato recuerdo y agradecimiento de los que ya no están para que así se puedan ir a descansar y a su vez volverlos a esperar para las próximas festividades. 

Adriana en Libros Pasajeros

¡Eureka! ¡Aiuto! ¡Manos a la obra!

Por: Rita Isabel

Con esas expresiones comenzó el vaivén de mensajes por correo electrónico y los diálogos cuando nació la idea que, sin querer queriendo, nos llevó a Libros Pasajeros. Un viernes, 13 de septiembre de 2013 comenzó el viaje de Como semblanzas o seis relatos pasajeros en las manos del artista plástico Gadiel Rivera, por eso elegimos esa fecha como nuestro aniversario. Sin embargo, las conversaciones y las labores de Libros Pasajeros empezaron mucho antes, para ser exactos, el germen de lo que sería, surgió el primer domingo de septiembre de 2008 (aunque quizás fue mucho antes). Sin embargo, para honrar la gesta artesanal, embelequera, de círculos de afecto y afinidad creativa que impulsó el proyecto recordamos que fue, más o menos, en junio de 2013 que comenzó el vaivén de palabras acción, palabras artesanías, palabras vínculos.

El primero liberado

Este año queremos festejar como nos gusta, con palabras; como nos encanta el número trece y sentimos cierta predilección por el número ocho; la celebración de este año se extenderá por trece días y regresa al origen: al mandala expansivo. Convocamos en verano a parte de nuestro círculo de afectos y afinidad creativa a entrar en el espacio virtual de Libros Pasajeros para compartir sus escritos. Hasta el 13 de septiembre estaremos compartiendo imágenes y palabras de colaboradores. Este compartir es un gesto de agradecimiento a quienes nos leen y siguen. También es nuestro festejo por ocho años de conspiración-inspiración. ¡Gracias infinitas!

Ramonita: Novena entrega

Por: Rita Isabel

De paraje en paraje, quiso el destino regresar a Monín, ya madre, al barrio que la vio nacer. Su vida ya se narraba junto a la de Carlos Luis, Carlin, Don Carlos, Collazo. Monte en ventolera, la familia Apalabrada y Letraherida completó su tríptico de retoños. Acá donde comienza el día se amanecía con aroma a café y gusto por el trabajo. La tocaya del santo sin nacer y mártir sin morir, antes de empezar las faenas mañaneras abría puertas y ventanas, de par en par, mientras decía: ¡Qué entre la Gracia de Dios!

Como la palabra es poder, ante momentos muy particulares, como madre que narra el prólogo de la historia de sus retoños, se le escuchaba pronunciar las palabras que cerraban el asunto: allá tú con tu consciencia. En aquella inmensidad, tocando casi el infinito celeste y con la consciencia despierta la familia Apalabrada y Letraherida vivió (y vive) las palabras de Lao-Tsé:sin traspasar puertas, conocieron el mundo todo; sin mirar afuera de la ventana, navegaron en el camino del cielo. Comprendieron que con un libro abierto sin moverse se conoce; sin mirar se observa; sin hacer, se crea”.

Entonces Monín, Ramona, Ramonita guió a María Elena, Carlos Antonio y Rita Isabel a trazar sus nombres como aquella maestra en primer grado le enseñó a trazar el propio: Ramonita.

Elenita, la que salía en busca de una estrella vacuna con la de una historia de Flores, fue la primera en nombrar a Monín, Ramonita, Ramona Letraherida como mami. Carlitos, el que siempre hizo lo que quiso y sabía llevar sombrero como su abuelo, reafirmó ese nuevo título y Ri, la que hablaba con las cabritas, selló aquella nueva manera de llamar a la que nació un 3 de diciembre en el hogar de Antonia, la de la Historia de Flores, y Antero, el que sabía cuándo y cómo usar sombrero.

Como madre Letraherida narró a sus retoños los cuentos de “La gallinita colorada”, la de “Las tres cabritas”, “El patito feo” y muchos más. Con Elenita, disfrutaba las historias de Los tres cerditos, Cenicienta, Blanca Nieves, Mary Poppins y otros relatos narrados y cantados en las versiones de Walt Disney. Era un álbum de colección con discos de pasta que aún se conservan. A Carlitos lo enamoró de la lectura con “Orongo el muchachito de la isla de Pascua” que leyó infinidad de veces. Mientras que a Ri la atrapó con, “La vendedora de fósforos” que tuvo que leerle mil veces y un poco más antes de que la benjamina pudiera leer por sí misma.

El hogar era un espacio repleto de libros y cada rincón narraba una consciencia de identidad, conservación, anécdota y legado.

Monín Apalabrada fue madre activa que junto a otras se unió para lograr que las letrinas de la escuelita rural a la que asistían sus retoños estuvieran siempre limpias y más adelante se trasformaran en baños. Luego fue líder comunitaria y catequista. Muchos niños escucharon de la voz de Monín la hermosa historia de la Natividad, la Epifanía y la Pascua de Resurrección. Su profesión la ejerció desde el espacio doméstico, familiar y comunitario. Es una gran educadora y su disciplina, la economía doméstica o ecología del hogar, la vive desde el quehacer cotidiano.

La familia de Carlos Luis Apalabrado y Ramonita Letraherida fue parte de la narrativa de su época, testigos activos de rescatar la memoria colectiva puertorriqueña, peregrinando los 23 de septiembre a Lares y los 25 de julio al Cerro Maravilla. Marcharon y se manifestaron por el idioma, la liberación de los presos políticos y por la paz en Vieques. Como entusiastas de la cultura de nuestra patria, participaban todos los años de la Feria de Artesanías en Barranquitas y los paseos domingueros se alternaban entre parajes costeros, lugares con valor histórico y visitar las plazas de los pueblos. Siempre en el camino se escuchaba música clásica o la charla sobre personajes históricos, curiosidades culturales o situaciones sociales de nuestra isla. También debates de cuál era la ruta por seguir, que siempre ganaba Monín ya que, además de tener un glosario vivo en su memoria, tiene un excelente sentido de orientación y una inteligencia espacial envidiable. El tiempo pasa, la palabra perdura y este festejo continuará…   

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