Carlos Luis Apalabrado: última entrega

Por: Rita Isabel

La luna subió y bajó mareas en su ciclo de guiños desde la luna gibosa menguante que recibió un viernes 13 de marzo de 1936 a Carlos Luis Apalabrado. En el inmutable ritmo del pasar del tiempo las mareas bajaron y subieron con el ciclo lunar de guiños en menguante y creciente desde que comenzamos esta celebración de los 90 años de A manos llenas. Hoy celebro, festejamos como familia, la bendición de ser parte de la historia de Carlos Luis Apalabrado. Agradecemos y brindamos con palabras por sus 90 años: ¡feliz, feliz en tu día, Carlos Luis que Dios te bendiga, que reine la paz en tu día y que cumplas muchos más!

Hoy esta voz narrativa teclea la última entrega y repasa lo que ha sido el festejo, de mes en mes, a destiempo y en contra del tiempo:

marzo 2025: Descubrimos que en el Apalabrado habitaba el río, las guábaras, las buruquenas, los camarones de agua dulce y la libertad.

abril: Tejimos palabras y reafirmamos que contra toda sentencia (o por ella) el Apalabrado llega lejos muy lejos y A manos llenas.

mayo: Narramos una anécdota en el orden que dicta la memoria, tejido que no sigue una secuencia lineal, sino un zigzagueante vaivén de recuerdos.

junio: Compartimos las palabras de mi hermano: Las 10 lecciones que todos deberían aprender del Apalabrado.

julio: Rememoramos como en las aguas cristalinas del río de Orocovis se escuchó el runrún de los sentimientos de Carlin diciendo adiós camino a Barranquitas.

agosto: La memoria del Apalabrado nos sorprende con un recuerdo inesperado, que estalla en su mente (luego de una de nuestras conversaciones veraniegas de sobremesa) como revientan las vainas de trébol con el delicado roce de un dedo, o hasta del viento, y con ello se esparcen las semillas. Las preguntas generaron que la memoria estalle y disperse recuerdos como semillas de suerte entintada de verde.

septiembre: Recordamos como en Barranquitas, A manos llenas, encauzó su rumbo en un río de letras, en español y en inglés. Dio su palabra, se apalabró, culminó sus estudios con buen promedio y aprobó el examen de ingreso a la universidad.

octubre: Descubrimos que el Apalabrado quería ser maestro…

noviembre: Constatamos que Orocovis no lo abandonó… Al pequeño Carlin, el de los mucaritos en los bolsillos y el de A manos llenas, que habitaba en el joven que cruzó y descruzó el móvil océano gran espejo un compueblano lo reconoció en los pasillos de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

diciembre: Cerramos la entrega con los que dice uno de sus nietos: la historia de ambos (el Apalabrado y la Letraherida) estaba fundada y entrelazada con tinta y papel desde antes de yo existir.

enero: Recordamos el día en que intuyó que debía llegar a rendir homenaje al que luego sería una figura muy significativa en su filosófica e ideológica existencia: el maestro de la Patria, la conciencia de Puerto Rico, Pedro Albizo Campos.

febrero: Reafirmamos que el Apalabrado es Libre pensador y lector sin prejuicios.

marzo 2026: Continuará…

Carlos Luis Apalabrado: Duodécima entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

En esta penúltima entrega pienso y repienso qué debo contar, aunque la pregunta precisa sería qué quiero relatar del Apalabrado. Hay historias que se quedan en las puntas de mis dedos porque no ha llegado el momento oportuno para contarlas. Algunas habitarán en el plano de la oralidad porque hay anécdotas que es mejor no ponerlas por escrito.

En este festejo por entregas seguimos la ruta zigzagueante de la memoria. En el baile de recuerdos de pasitos hacia adelante y pasitos hacia atrás buscábamos el instante preciso en que Carlos Luis se apalabró. En esa búsqueda descubrimos que lo que imaginamos instante fue muchos momentos imprecisos.

En esta celebración a cuentagotas (y más a destiempo que a tiempo) que está a punto de culminar nos preguntamos qué nos falta por festejar del Apalabrado: el gesto de quitarse los espejuelos para leer, sobre todo cuando leía en misa; su risa al ver Al chavo del ocho o las películas de Cantinflas; el gesto de rascarse la cabeza en busca de escudriñar en aquello que su entendimiento no logra comprender; su olor a china mandarina, a perfume, a trabajo; sus manos amasando los polvorones,  cerniendo la tierra, sembrando, plantando, tallando trompos o bastones, pasando las páginas de libros y periódicos, guardando recortes; su acogida a los raros, a quienes nadie le daría la mano y él le ofrecía pon, conversación, libros y trabajo; su huerto, sus sembradíos, los macotajes, sus jardines con la osamenta de su perro Tite o con objetos diversos y curiosos que encontraba removiendo la tierra para sembrar; su mente lógico matemática que calculaba la cantidad de la compra con exactitud antes que la cajera contabilizara; su decisión de jubilarse a sus 55 años para dejar atrás la frustración de un trabajo en el que veía su esfuerzo engavetado porque los grandes intereses pisoteaban lo ético y legal; su humor tan particular, sus despistes; su conciencia manifiesta en detalles tan simples como colocar el periódico Claridad en lugar más visible en los estantes donde lo vendían; su participación como funcionario de colegio en las elecciones representando al Partido Independentista Puertorriqueño; su caminar acompasado por noticias, música clásica, versos de Gardel o Pedro Flores; las caminatas por el barrio, los viajes de pueblo en pueblo, de plaza en plaza; los pasadías en la playa. La lista es casi interminable… Mas hay una anécdota con la que daré punto final a esta entrega.

Como muchas familias en Puerto Rico, en nuestro monte, también nos visitan los Testigos de Jehová. Confieso que, como muchas personas, evitamos recibirles, ante todo por su insistencia aun cuando es evidente que uno está ocupado y porque no suelen respetar los espacios privados ni aceptar un no cuando se les indica que no se les puede atender o que no nos interesan las revistas o información que reparten. Aunque uso el verbo evitamos debo ser precisa y expresar que el Apalabrado no. Para él, toda conversación va por encima de credos, ideologías o conveniencias sociales. Le encanta conversar, tanto o más que leer, sembrar o escuchar radio. Así que cuando recibíamos la visita no esperada, ni deseada e inoportuna de los Testigos de Jehová, el Apalabrado los atendía con diálogo ameno al aire libre. Mientras el resto de la familia intentaba que no los atraparan con su charla y hacíamos hasta lo indecible para no atenderlos (y rogábamos para que no regresaran), él los acogía. Pero una mañana de visita inesperada, dio con la estrategia que todos buscábamos, menos él, para no recibir más sus visitas. No sé si después se arrepintió porque pasaron varios años antes de que regresaran. Los Testigos de Jehová llegaron y él los acogió como siempre, pero cuando le ofrecieron la revista, se le ocurrió responder: ¡Claro! Leo de todo, si el diablo escribiera un libro también lo leería. Remedio santo, o no tan santo, los Testigos no regresaron.  ¡Qué les puedo decir! Así es el Apalabrado: Libre pensador y lector sin prejuicios.

En marzo el Apalabrado de A manos llenas llega a sus 90 años. Festejaremos en familia y también con palabras. Pendientes a la última entrega.

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdóticas y brindaremos por el Apalabrado que llegó lejos (de la mano de la Letraherida) y a muchos lados (en Familia).
¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

Carlos Luis Apalabrado: Undécima entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Letraherida es una palabra de belleza pasional, mientras que apalabrar alude a la belleza de concertar, acordar, comprometerse, conceder y un acto de honor.

A unas horas de que enero complete su ciclo en este 2026…

Carlos Luis Apalabrado se graduó un año antes que la Letraherida de la Universidad. Año de espera para las nupcias, año de trabajo en la Oficina de Ajuste de Tabaco del Departamento de Agricultura, año en el que las columnas de César Andreu Iglesias y el periódico Claridad saciaron su sed de saber, de disentir de lo establecido, de nutrir su consciencia social y su identidad nacional. Mientras la Letraherida estaba en la Universidad escuchando a su profesor de humanidades hablar de Pedro Albizu Campos, en un ambiente de luto y protesta porque no dieron el día para poder ir a los actos fúnebres, Carlos Luis Apalabrado caminaba en su hora de almuerzo por las calles de Santurce en busca de la funeraria donde estaban los restos de Albizu Campos. A mis preguntas, para escudriñar en ese recuerdo: cómo se enteró, qué lo motivó a llegar hasta el féretro de Albizu… El Apalabrado responde que no recuerda cómo se enteró, simplemente lo supo y como las oficinas de su trabajo quedaban en Santurce decidió llegar hasta el velatorio. Hace un esfuerzo por recordar el nombre de la funeraria, pero se queda en ese limbo que es la punta de la lengua.

Aunque reconocía el nombre de Pedro Albizu Campos confiesa que en ese momento aún no sabía la gran figura que era don Pedro, con la gran deferencia de ese DON… Ese día sólo intuyó que debía llegar a rendir homenaje al que luego sería una figura muy significativa en su filosófica e ideológica existencia: el maestro de la Patria, la conciencia de Puerto Rico.  

Busco en el oráculo que es la Internet datos de la muerte de don Pedro. Me encuentro con un escrito de Juan Mari Brás que se titula “La muerte de Albizu”. Leo: Murió a las 9:40 de la noche del 21 de abril de 1965. Ubico a mi padre en tiempo y espacio, once años antes de que yo naciera, hace casi 61 años. Imagino aquel hombre joven de 29 años caminando por las calles de Santurce en busca de la funeraria Jesen. Según el escrito, en esa funeraria velaron a Albizu el primer día. Murió un miércoles en la noche y el escrito parece indicar que sus restos fueron expuestos en la funeraria un viernes. Imagino a Carlin, un viernes, al mediodía, caminando bajo el sol, probablemente con guayabera y zapatos de vestir en ruta hacia la funeraria.

Mi padre Apalabrado me dijo que cuando entró en la funeraria no había mucha gente. Colijo, por la crónica que escribió Mari Brás, que eso tiene una explicación que mi papá desconoce. Carlos Luis Apalabrado estuvo en los actos fúnebres que la familia pidió fueran sencillos e íntimos antes de llevarlo el sábado al Ateneo Puertorriqueño donde lo velarían hasta el domingo. Desde el Ateneo pasaría a la Catedral donde el padre Antulio Parrilla y el Padre Margarito Santiago oficiarían la ceremonia fúnebre y luego acompañarían el féretro hasta el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis.

Aunque escribo de un momento solemne y triste de nuestra historia como nación, no puedo dejar de sonreír. ¿¡Quién imaginaría que el Carlin joven adulto es igualito al Apalabrado cuarentón, cincuentón, sesentón y hoy nonagenario!? Cuando antes de escribir esta entrega y por ende antes de leer el escrito de Juan Mari Brás, le pregunté a papi si había podido ver el cuerpo de Albizu y si había mucha gente, me contestó que sí a lo primero y como ya mencioné que había poca gente, me estuvo raro. Imaginaba los actos fúnebres de Albizu con un sinfín de personas y una fila interminable para rendirle respeto. Ahora sé que no era extraño, mi padre con la manera de ser que lo caracteriza (quien lo conoce sabe a lo que me refiero… y quien no lo conoce, le diré como diría mi padre: a buen entendedor pocas palabras bastan) asistió a la funeraria; a los actos más bien familiares y menos públicos que los convocados en el Ateneo…

Letraherida, que siente pasión extrema por la literatura; apalabrado, quien concierta, acuerda, pacta, honra la palabra… La Letraherida recuerda la muerte de Albizu desde la narrativa que escuchó de su profesor en la universidad, el Apalabrado la rememora desde la anécdota en la que honró los restos de un ser de palabra.  

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdóticas y brindaremos por el Apalabrado que llegó lejos (de la mano de la Letraherida) y a muchos lados (en Familia).
¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

Ventana sobre Libros Pasajeros en el 2025

Por: Rita Isabel

(Adaptación del escrito de Eduardo Galeano “Ventana sobre el tiempo” del libro Las palabras andantes)

Compartimos nuestro re-cuento: tradición lúdica de fin de año.

En Libros Pasajeros, enero fue (es) tiempo de epifanías.

En febrero, a sus 103 años, murió la musa de Ocaso de Flores… «En pocas palabras: Recordar porque sólo el olvido muere».

En marzo compartimos la primera entrada de «Carlos Luis Apalabrado», festejo por entregas camino a los 90 años del abuelo de Libros Pasajeros, mi papá.

En abril, tiempo de letras, participamos de la cuarta Feria anual del Libro en Caguas: Leer en puertorriqueño. Pasajeros llegó a las manos de Deb Soto y quedó atrapada en “Al salir del laberinto”.

En mayo la colección Pasatiempo fue protagonista y hubo runrún del Quinteto viajero.

En junio participamos de la primera Feria de Amigos de Cada media hora (de Izamaris Tinta Verde) en Camuy y compartimos «En pocas palabras: Citas a ciegas».

Verano de aprendizaje en la Liga de Arte: Taller de Artes del libro con Maricelis Pagán; en Leo Leo: Juguemos a pensar con Mel y la manada lectora.

“La ñ en mí” de Jordi Salguero Roig fue Viandante en julio.

Agosto, cielo rojo, compartimos «En pocas palabras: lecturas de verano».

En la luna madura del noveno mes y no en luna verde, se festejaron los 12 años de Libros Pasajeros con un maratón de lectura y un junte del mandala de afectos y afinidad creativa.

Octubre, ausencia de palabras…

En noviembre, todo es gratitud y celebración: 120 Libros Fósforos fueron recuerdos en una hermosa boda; y festejamos las Bodas de diamante de los abuelos de Libros Pasajeros con libritos minúsculos y con muchas palabras.

En diciembre la vida celebra.

Gracias totales a cada persona que sigue el rastro de nuestro quehacer literario…

Gratitud infinita al mandala de afectos y afinidad creativa…

¿Qué nos depara el 2026?

Carlos Luis Apalabrado: Décima entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Apalabrado…
En la Universidad…
Fundamentos Filosóficos de la Educación fue el curso que aunó a Carlos Luis Apalabrado con Ramonita Letraherida. A manos llenas le pidió prestado el libro del curso a la Letraherida. Y todo fue palabras: palabras vivas, dadas, cumplidas, acción y consciencia; palabras gratitud, palabras lectura en conjunto, narración. El momento exacto en que Carlin se apalabró con los libros y la lectura (como acto reflejo tan necesario como respirar) es impreciso, pero está relacionado al sí de la Letraherida.


Desde ese instante intangible o múltiple, expansivo, llega a muchas partes y muy lejos a través de la lectura. Periódicos y libros… Según su criterio, periódico que encuentre abandonado por otro lector o el libro con el que se tope sin querer queriendo, son las mejores lecturas. Desde que un libro de Krishnamurti llegó a sus manos, en uno de esos sin querer queriendo, es su autor favorito.

Notas periodísticas, investigaciones, ensayos, aforismo, epitafios y esquelas pasan por su mirada. Y la poesía… La poesía la degusta junto a la Letraherida porque sus bodas cada año, cada década, son de palabras. A la sombra de las palabras de Cervantes y Dostoevsky, en la brecha y por un sendero entre mayas arropás de cudiamores, Carlos Luis Apalabrado y Ramonita Letraherida se enraizaron en su monte en viaje infinito de página en página, de lectura en lectura, de libro en libro. Como dice uno de sus nietos: la historia de ambos estaba fundada y entrelazada con tinta y papel desde antes de yo existir.

Apuesto a que en este instante en el que tecleo esta décima entrega, Carlos Luis Apalabrado viaja con Oído en tierra (Antología de aforismos en Puerto Rico)…

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdóticas y brindaremos por el Apalabrado que llegó lejos (de la mano de la Letraherida) y a muchos lados (en Familia).
¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!