Ventana sobre Libros Pasajeros en el 2025

Por: Rita Isabel

(Adaptación del escrito de Eduardo Galeano “Ventana sobre el tiempo” del libro Las palabras andantes)

Compartimos nuestro re-cuento: tradición lúdica de fin de año.

En Libros Pasajeros, enero fue (es) tiempo de epifanĂ­as.

En febrero, a sus 103 años, muriĂł la musa de Ocaso de Flores… «En pocas palabras: Recordar porque sĂłlo el olvido muere».

En marzo compartimos la primera entrada de «Carlos Luis Apalabrado», festejo por entregas camino a los 90 años del abuelo de Libros Pasajeros, mi papá.

En abril, tiempo de letras, participamos de la cuarta Feria anual del Libro en Caguas: Leer en puertorriqueño. Pasajeros llegó a las manos de Deb Soto y quedó atrapada en “Al salir del laberinto”.

En mayo la colecciĂłn Pasatiempo fue protagonista y hubo runrĂşn del Quinteto viajero.

En junio participamos de la primera Feria de Amigos de Cada media hora (de Izamaris Tinta Verde) en Camuy y compartimos «En pocas palabras: Citas a ciegas».

Verano de aprendizaje en la Liga de Arte: Taller de Artes del libro con Maricelis Pagán; en Leo Leo: Juguemos a pensar con Mel y la manada lectora.

“La ñ en mí” de Jordi Salguero Roig fue Viandante en julio.

Agosto, cielo rojo, compartimos «En pocas palabras: lecturas de verano».

En la luna madura del noveno mes y no en luna verde, se festejaron los 12 años de Libros Pasajeros con un maratón de lectura y un junte del mandala de afectos y afinidad creativa.

Octubre, ausencia de palabras…

En noviembre, todo es gratitud y celebraciĂłn: 120 Libros FĂłsforos fueron recuerdos en una hermosa boda; y festejamos las Bodas de diamante de los abuelos de Libros Pasajeros con libritos minĂşsculos y con muchas palabras.

En diciembre la vida celebra.

Gracias totales a cada persona que sigue el rastro de nuestro quehacer literario…

Gratitud infinita al mandala de afectos y afinidad creativa…

¿Qué nos depara el 2026?

Carlos Luis Apalabrado: DĂ©cima entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Apalabrado…
En la Universidad…
Fundamentos Filosóficos de la Educación fue el curso que aunó a Carlos Luis Apalabrado con Ramonita Letraherida. A manos llenas le pidió prestado el libro del curso a la Letraherida. Y todo fue palabras: palabras vivas, dadas, cumplidas, acción y consciencia; palabras gratitud, palabras lectura en conjunto, narración. El momento exacto en que Carlin se apalabró con los libros y la lectura (como acto reflejo tan necesario como respirar) es impreciso, pero está relacionado al sí de la Letraherida.


Desde ese instante intangible o múltiple, expansivo, llega a muchas partes y muy lejos a través de la lectura. Periódicos y libros… Según su criterio, periódico que encuentre abandonado por otro lector o el libro con el que se tope sin querer queriendo, son las mejores lecturas. Desde que un libro de Krishnamurti llegó a sus manos, en uno de esos sin querer queriendo, es su autor favorito.

Notas periodísticas, investigaciones, ensayos, aforismo, epitafios y esquelas pasan por su mirada. Y la poesía… La poesía la degusta junto a la Letraherida porque sus bodas cada año, cada década, son de palabras. A la sombra de las palabras de Cervantes y Dostoevsky, en la brecha y por un sendero entre mayas arropás de cudiamores, Carlos Luis Apalabrado y Ramonita Letraherida se enraizaron en su monte en viaje infinito de página en página, de lectura en lectura, de libro en libro. Como dice uno de sus nietos: la historia de ambos estaba fundada y entrelazada con tinta y papel desde antes de yo existir.

Apuesto a que en este instante en el que tecleo esta dĂ©cima entrega, Carlos Luis Apalabrado viaja con OĂ­do en tierra (AntologĂ­a de aforismos en Puerto Rico)…

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdĂłticas y brindaremos por el Apalabrado que llegĂł lejos (de la mano de la Letraherida) y a muchos lados (en Familia).
¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

Carlos Luis Apalabrado: Novena entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Un maratón de celebraciones familiares se interpuso entre la página en blanco y este festejo por entregas. La familia Apalabrada y Letraherida estaba de Bodas de diamante, cumpleaños, Acción de Gracias y de junte. Como nunca es tarde si la dicha cumple con la palabra antes de la medianoche, aquí estamos tecleando a destiempo y en contra del tiempo la novena entrega. Regresamos con el joven Carlin: el universitario.

Un año, un año de espera…  Antes que el carillĂłn de La Torre, con sus 25 campanas tubulares, marcara el ritmo de sus pasos en la Universidad de Puerto Rico, Carlos Luis se matriculĂł en un Instituto Comercial a la espera de que el periodo de matrĂ­cula, en la UPR, para el prĂłximo ciclo de estudios llegara. La Torre vigilĂł su caminar por el campus, como el mangĂł centinela lo vigilĂł en los tiempos en que el rĂ­o era propĂłsito y disfrute en el centro de la isla. Aunque comenzĂł estudios en la Facultad de EducaciĂłn, como habĂ­a anhelado, su visiĂłn práctica de la vida lo llevĂł a cambiar. EstudiĂł contabilidad, pero completĂł en excelencia muchos cursos de pedagogĂ­a.   

Orocovis no lo abandonó… Al pequeño Carlin, el de los mucaritos en los bolsillos y el de A manos llenas, que habitaba en el joven que cruzó y descruzó el móvil océano gran espejo un compueblano lo reconoció en los pasillos de Humanidades. Rubén Fernández, unos años mayor que Carlos Luis, pero ya con un puesto importante relacionado al Sistema de Bibliotecas de la Universidad; lo exhortó a pasar por la Biblioteca General para darle trabajo.

Rubén Fernández sobrino de… hijo de… Su historia no me corresponde contarla, pero le agradezco la ayuda que le brindó a mi padre antes de que se convirtiera en el juez Rubén Fernández. También don Carlin lo agradece y mientras muchos recuerdos se le escapan… el de Rubén Fernández sigue muy presente. Años más tarde, cuando Carlos Luis comenzó a trabajar en la Oficina del Contralor de Puerto Rico, se volvieron a encontrar en el tribunal de Mayagüez. Mi padre era el auditor asignado para investigar el tribunal, el juez Rubén Fernández era el director. Hubo saludo, reconocimiento, agradecimiento por la ayuda del pasado y auditoría minuciosa. Todo salió en orden.

Pero no es del Carlos auditor del que hoy desentrañamos recuerdos. Hoy hablamos del universitario que comenzĂł a trabajar en la biblioteca que desde el 1969 se le conoce como JosĂ© M. Lázaro. El Prometeo del pintor Rufino Tamayo era testigo de sus entradas y salidas a la biblioteca. La Universidad lo acercĂł a seres, pensares y haceres. En la Lázaro conociĂł a Jaime BenĂ­tez que un dĂ­a llegĂł en busca de un libro y al de A manos llenas le tocĂł atenderlo. Entre facultad y facultad tambiĂ©n conociĂł a Isabelo ZenĂłn Cruz el muchacho que le pidiĂł pon un dĂ­a. Muy pocos estudiantes tenĂ­a auto. Carlos Luis era el eco de su maestro de Orocovis, Edelmiro Berrios, al que tanto admiraba por muchas razones, entre ellas que era de las pocas personas con automĂłvil en el pueblo. Años despuĂ©s ese muchacho al que le dio pon fue catedrático de Español en la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, un gran intelectual autor de Narciso descubre su trasero: el negro en la cultura puertorriqueña. Mas fue en el curso de Fundamentos FilosĂłficos de la EducaciĂłn que conociĂł a la persona que lo llevĂł a ser… Apalabrado.  

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdĂłticas y brindaremos por el Apalabrado que llegĂł lejos y a muchos lados.

¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

Carlos Luis Apalabrado: Octava entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Culminar sus estudios con buen promedio: no fue suficiente. Aprobar el examen de ingreso a la universidad con un excelente puntaje: no fue suficiente. La ayuda prometida por su hermano no se materializó… la escasez ahogaba sus deseos de estudiar en la universidad, de convertirse en maestro, de labrarse un camino con la dignidad de una profesión y el esfuerzo de su trabajo. Sí, para mi sorpresa mi padre quería ser maestro; pero su deseo parecía un imposible hasta que surgió una alternativa.


Una vez más lo imagino en soliloquio, en vaivén decisivo, en sopesar alternativas, la alternativa, mientras rasca su cabeza. La propaganda militar le ofrecía trabajo remunerado y estudios universitarios. Para aquel joven en el que habitaba el río, ululaba en sus entrañas la sabiduría del múcaro y andaba a manos llenas el ejército era sinónimo de prisión. Mas sin sopesar mucho los riesgos y enfocado en su propósito se arrancó la duda y transformó la decisión en acción: se alistó. Dice que tuvo suerte de que su salud y estado físico le permitieran ser aceptado, no todos los pobres podían ser parte de la milicia. Pienso que tuvo suerte de no tener que matar a nadie, suerte que no fuera carne de cañón.


En Buchanan y Tortuguero tuvo su entrenamiento. La primera vez que recibió su sueldo regresó al centro de la isla, primero a Barranquitas para entregarle dinero a su mamá, luego a Orocovis en busca de padrino Tite y Mercedes para también darles una parte. En poco tiempo lo envían a Nueva Jersey y de ahí a Alemania.


A mis preguntas en busca de instantes de asombro ante la novedad del vuelo, de los nuevos lugares, de la vida militar las respuestas son parcas. Al interrogarle sobre posibles diferencias culturales o enfrentar el discrimen es poco lo que dice. Nada de victimizarse, él fue a trabajar y eso hizo. Algo recuerda de manera vaga de un soldado que se burló de algunos puertorriqueños que no sabían hablar inglés y él lo enfrentó en defensa de sus compatriotas. Recuerda a un amigo, Jesús Díaz Ortega de Bayamón. Se hicieron amigos porque el del pueblo del chicharrón no masticaba el inglés y el Apalabrado sí se comunicaba en el idioma de Hemingway. De recuerdo en recuerdo me cuenta de un soldado con influencias que hizo que lo removieran de su rol como Policía Militar (MP por sus siglas en inglés) porque el Apalabrado cumplió con su deber de registrar la hora exacta en que llegó el soldado y se negó a cambiar la hora en los registros. El soldado pretendía que no quedara en evidencia su incumplimiento de horario. Cumplir con su trabajo le costó su puesto.


Insisto en activar sus recuerdos, menciona tres ciudades, pero sĂłlo logro identificar o corroborar con precisiĂłn a BerlĂ­n. Menciona un nombre Rudolf Hess, el nĂşmero dos del Tercer Reich. El Apalabrado fue uno de los soldados que custodiaban el lugar donde estaba encarcelado: Spandau, BerlĂ­n. Insisto en más detalles. Sus memorias se las guarda para sĂ­ con un: no recuerdo. DĂ­as despuĂ©s, vuelo a insistir en el tema y responde directo: Fui a hacer dinero y eso hice. Renuncia a la parquedad y cuenta como ahorraba su sueldo para prestar dinero, con intereses, a soldados y hasta al primer sargento. Luego añade: No fui a salvar a la patria ni a defender naciĂłn propia o ajena. Aquello sĂłlo era un trabajo, un trabajo que no me gustaba, pero por el que me pagarĂ­an. CumplĂ­ con mis responsabilidades, con lo que me comprometĂ­.


Se alistó por dos años, pero al regresar a Puerto Rico y ver la pobreza en la que vivía su mamá, junto a sus hermanas menores, en San Juan (pues tuvieron que moverse de Barranquitas, poner distancia), se alistó nuevamente. Con el adelanto de su paga le compró una casa a su mamá y hermanas

.
Trabajó en el ejército, por cuatro años y recibió su paga en dólares, centavos y estudios universitarios.
El que no llegaría a ningún lado fue testigo activo del fin de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría. Llegó a Alemania… y al regresar de Berlín logró estudiar en la Universidad.

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdĂłticas y brindaremos por el Apalabrado que llegĂł lejos y a muchos lados.

¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!

Carlos Luis Apalabrado: SĂ©ptima entrega

Por: Rita Isabel

Apalabrar = Dicho de dos o más personas: concertar de palabra algo.
Palabras afines: acordar, concertar, pactar, dar la palabra

Llueve…

afuera aguacero de gotas gordas…

adentro chubasco de palabras…

Regresamos a la adolescencia, al Carlos Luis Apalabrado cuando ensancha su horizonte, aunque siempre enraizado en el río de Orocovis. El protagonista de A manos llenas, que rescataba pollitos, cuidaba mucaritos y andaba larga distancia para leerle a Pancho y Facia se enfrentó a un dilema de consciencia al llegar a la Academia Monseñor Willinger en Barranquitas.

Un requisito de admisión de la Academia era tener el sacramento de la Eucaristía. Carlos Luis fue admitido, pero no había hecho la primera comunión. ¿Un despiste, una omisión involuntaria, un dato sin corroborar en el proceso de admisión y matrícula? La verdad… no lo sabemos, pero se entendía que el joven Collazo Rodríguez había hecho la primera comunión. Cuando se percató del equívoco, el joven Carlin no sabía qué hacer. Las horas pasaban, los días se sucedían camino al día que asistiría a misa y se esperaría que se parara y se acercara a recibir la comunión.

Aquello no estaba bien, sentía que era un sacrilegio, un pecado, faltarle a la palabra, a Dios. ¿Qué explicación podría ofrecer para negarse a comulgar? ¿Cómo, y, sobre todo, a quién explicarle aquel dilema, a quién consultar… más bien confesarle la verdad? A solas caminaba de un lado a otro en soliloquio desesperado, en el que se preguntaba, una y otra vez, qué hacer.

Lo imagino rascando su cabeza, el gesto que aún acompaña sus cavilaciones.

Entre adolescentes se entienden, se apoyan y se defienden… al llegar a la academia hizo amistad con un chico similar a él, muy pocos eran como el joven Carlin en aquella Academia barranquiteña. Confesó al compañero su problema y optaron por la verdad: por ser jóvenes de palabra. Lo sagrado es SAGRADO, hablaron con las monjas y ellas comprendieron.

Carlin comenzĂł a prepararse para hacer su primera comuniĂłn.

En Barranquitas, a manos llenas, encauzó su rumbo en un río de letras, en español y en inglés. Dio su palabra, se apalabró, culminó sus estudios con buen promedio y aprobó el examen de ingreso a la universidad; mas la vida lo enfrentó a otro dilema, uno más complejo que el de su primera comunión. Esta historia continuará…

De mes en mes, de trece en trece (o cuando el tiempo lo permita) festejaremos con palabras anecdĂłticas y brindaremos por el Apalabrado que llegĂł lejos y a muchos lados.

¿Hasta cuándo? Hasta el 13 de marzo de 2026.
¿Por qué? Ese día el abuelo de Libros Pasajeros (mi papá), cumple 90 años.

¡Festejamos a tiempo y a destiempo!