Viandantes en Libros Pasajeros: ÂżDĂłnde estará cuando despiertes?

 

Marzo y abril han sido meses de mucha actividad literaria, pero poca escritura. Tengo mucho que contar y prometo que buscaré el momento oportuno para hacerlo. Pero en lo que la página en blanco va y viene…

En esta mañana de domingo, Libros Pasajeros retoma un rincón de nuestro hogar virtual que desde hace nueve años no se activaba y que ahora llevará por nombre Viandantes en Libros Pasajeros. De vez en cuando y de cuando en vez, por invitación, compartiremos escritos de autores(as) que forman parte de nuestro círculo de afinidad creativa. Retomamos este espacio porque es justo y necesario difundir los escritos de letraheridos y apalabrados. En esta ocasión acogemos las letras de J. A. Zambrana autor de El sonido de la ausencia, Simplemente Cándido y Tiburón. Para conocer más sobre su trabajo pueden leer en: https://elpostantillano.net/index.php?option=com_content&view=article&id=33704:jesus-adrian-zambrana-rodriguez-nuestro-entrevistado&catid=295&Itemid=1004

https://eladoquintimes.com/2024/02/19/instituto-de-literatura-puertorriquena-premia-a-la-novela-tiburon-de-jesus-adrian-zambrana/

El escrito que seleccionamos es un texto que es (o fue) un ejercicio (o juego) literario, de pie forzado, que publicó en su blog: https://jazambrana.com/. Lo escogimos, entre la infinidad de sus textos, porque nos recuerda que toda persona que escribe, antes de crear arte con la palabra, es un letraherido por lo que sus palabras escritas siempre serán un diálogo con las voces que han llegado a ser tinta y papel y dejan un rastro indeleble en nuestra memoria. Sin más confío que disfruten:

¿Dónde estará cuando despiertes? (Derechos reservados 2015)

Por J. A. Zambrana

Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí…

          Frente a la angosta cueva de piedra, tan caliente como cortante, donde hacĂ­a muchas horas habĂ­a logrado protegerse de ese pertinaz perseguidor que aĂşn merodeaba listo para atacar; quiĂ©n sabe si por hambruna o sĂłlo por su instinto de asesino, que se place de raer la piel y destrozar los huesos de sus presas. HabĂ­a dormido unos cuantos segundos que el terror convirtiĂł en una eternidad de angustia e incertidumbre mortal; la sangre latĂ­a con tanta fuerza contra sus sienes, que pensaba que reventarĂ­an. Lo despertĂł el rugido estrepitoso y el fĂ©tido aliento del animal, que se encontraba a sĂłlo pulgadas de alcanzarle. Vencido por el cansancio de sobrevivir, era atacado nuevamente, esta vez por un sueño letal, tan voraz como la bestia que le acechaba afuera de la cueva, pero mucho más persistente; cerrar los ojos otra vez era sinĂłnimo de muerte. LuchĂł contra sĂ­ mismo sin darse tregua; resistiĂł todo y cuanto pudo hasta no poder más. Ya sin fuerzas ni voluntad, se abrazĂł a la resignaciĂłn y dejĂł caer mortalmente los párpados, para ser devorado por el agotamiento.

Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí…

          Lo veĂ­a algo borroso, la pesadez de un breve instante de sueño distorsionaba sus ojos; no tenĂ­a certeza de cuánto tiempo habĂ­a dormido, pero no debĂ­a ser demasiado; era de dĂ­a cuando llegĂł del funeral y se dejĂł caer en el sofá de aquella sala que emanaba soledad, y afuera todavĂ­a el sol seguĂ­a brillando. Estaba tirado sobre la mesa del centro, era un dinosaurio verde, hecho de goma, plástico y silicĂłn, que hacĂ­a ruidos prehistĂłricos cuando le apretaban la cola; el juguete favorito de su hijo, justo en el lugar en que lo dejĂł aquella Ăşltima vez que jugĂł con Ă©l. Vencido ante los sentimientos, lo tomĂł bruscamente para tirarlo a la basura y deshacerse de las imágenes y dolor que le provocaba, pero el poder del recuerdo lo detuvo. RecordĂł como en incontables ocasiones su amado chuiquito agarrĂł entre las manos aquella lagartija plástica; recordĂł las risas y todos los momentos repletos de magia y ternura, en que su hijo y el dinosaurio fueron cĂłmplices invencibles en aventuras de inocente fantasĂ­a. Contrariado por la confusiĂłn que le causaba el torbellino de sensaciones en su interior, lanzĂł el muñeco contra la mesa y entre sollozos matizados con maldiciones y blasfemias, otra vez se quedĂł dormido.

Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí…

          Decadente, inmĂłvil en aquella cama de postura variable, con luces y máquinas extrañas que emitĂ­an un “bip” constante que marcaba los latidos de un corazĂłn a punto de rendirse. Él la observaba desde el otro lado de la habitaciĂłn, la piel parecĂ­a estar corrugada y reseca, como cubierta de unas escamas que sumadas a la crueldad de una tos antipática, la hacĂ­an parecer y sonar como una vieja criatura jurásica. Inevitable recordar cuando de niño le preguntaba “¿abuela cuántos años tienes?”; “todos, mijo; soy más vieja que un dinosaurio” contestaba ella riendo y jamás le revelĂł su edad. Era sĂłlo un mal retazo de aquella dama de acero, tan correcta, pero tan dulce a la vez; tan derrochadora de ternura y cariños, que siempre estuvo presente sin hacer mucho ruido, en especial en aquellos momentos cuando la vida dolĂ­a. Se sentĂ­a exhausto, miserable ante el dolor de perder; querĂ­a gritar, destrozar, lanzar algĂşn objeto pesado por la ventana. Estaba consumido por la rabia ante la inutilidad de no poder engañar al tiempo y verla reĂ­r una vez más; escuchar una palabra, aunque fuese un regaño. Entre la extenuaciĂłn y el desconsuelo, una lágrima suicida se lanzĂł rostro abajo y los ojos comenzaron a cerrarse despacio. Mientras la gota hacĂ­a un pausado recorrido, los párpados caĂ­an lentamente; como el telĂłn final de una historia triste. En el momento en que la lágrima saltĂł del mentĂłn (antes que cayera al suelo), ya dormĂ­a desesperanzadamente.

Cuando se despertĂł, el dinosaurio todavĂ­a estaba allĂ­. ( El dinosaurio Augusto Monterroso)

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Año bisiesto: Un 29 de febrero de 1940

Por Rita Isabel

Domingo, 25 de febrero de 2024

4:29 de la madrugada

Despierto, mil pensamientos me desvelan, pero me niego a levantarme hasta que no vislumbre los primeros rayos del sol. Elucubro… En ese divagar de ideas que me arropan de impaciencia y ansiedad, una chispa se enciende: ¡es año bisiesto, el jueves es 29 de febrero, Carlota y Luisa cumpleaños! Desarropo la mirada y me sacudo la impaciencia y la ansiedad. Algo debo escribir, afirmo. ¿Con qué tiempo?, me pregunto. A destiempo, es momento de robar tiempo, me respondo.

7:30 de plena mañana dominguera

Por fin me siento en la silla frente a mi escritorio, que es mesa con tope de cristal, a escribir. ¿Quiénes son Carlota y Luisa? ¿Quiénes son Carlota y Luisa que transforman el desvelo en rumiar la delicia de encontrar una excusa para robarle tiempo al destiempo? ¿Quiénes son Carlota y Luisa para disipar los pensamientos que me hacen dar vueltas y vueltas, y concentran mi mente en una idea, solo una idea, que pone en pausa o más bien en cámara lenta todo pensamiento que no sea escribir?

Si han leído Trece puntos de araña saben quiénes son (y cómo son) Carlota y Luisa. Para las personas que no han leído el libro por aquí unos datos de cada una de ellas.

Carlota Rosario Gautier

  • Lugar de nacimiento: En un barrio rural entre Caguas y Aguas Buenas
  • Fecha de nacimiento: 29 de febrero de 1940 (un jueves)
  • ProfesiĂłn: Maestra de QuĂ­mica (jubilada) y maestra artesana del tejido en Mundillo
  • Pasatiempos: Desde pequeña descifrar misterios junto a su gemela, indagar y coser; dirĂ­a tejer, pero eso es más que un pasatiempo, al igual que alimentar a los gatos sin hogar.
  • Estado civil: Soltera (sin hijos)
  • Suele vestir muy elegante, por lo general con piezas confeccionadas por ella, en ocasiones, cuando sale con la intenciĂłn de indagar sobre algĂşn asunto, para descifrar un misterio, usa ropa con estampados de fĂ©lidos.

Luisa Rosario Gautier

  • Lugar de nacimiento: En un barrio rural entre Caguas y Aguas Buenas
  • Fecha de nacimiento: 29 de febrero de 1940 (un jueves)
  • Fecha de defunciĂłn: 5 de marzo de 1983 (ÂżPor quĂ© tacho esta informaciĂłn? La tacho porque… cuando lean Trece puntos de araña me dirán.)
  • ProfesiĂłn: Nutricionista
  • Estado civil: Viuda (Sin hijos)
  • Pasatiempos: Desde pequeña descifrar misterios junto a su gemela, cocinar, coleccionar recetas de brebajes para luego experimentar y le encanta leer, sobre todo novelas de Agatha Christie.
  • Actualmente, suele vestir siempre la misma ropa color gris etĂ©reo. Nunca sale de la casa en la que viven en RĂ­o Piedras.

            Ambas son inquisitivas, siguen el método hipotético-deductivo en todo momento, además siempre suelen pensar mal de la gente. Físicamente se parecen a Rita Moreno y admiran a Lolita Lebrón (las dos Dolores). Carlota tiene el don de hacer hablar hasta a las piedras y una de sus técnicas para lograrlo es hablar, hablar y hablar. Luisa es introvertida, de pocas palabras, por lo general no hace afirmaciones, casi todo el tiempo formula preguntas. El jueves cumplen 84 años, mucho más años que Trece puntos de araña. Sonrío.

1:29 de la tarde, llueve

El viernes que pasó, 23 de febrero de este año bisiesto, la intuición me llevó a comenzar el festejo de sus 84 años. Me encantaría decir que fue cálidamente calculado, pero en realidad fue un sin querer queriendo. Andaba con el sombrero de guía Montessori de Erdkinder por Río Piedras y aunque evito asignarles o leerles los escritos de mi autoría a mis estudiantes, hice una excepción a la regla y en el recorrido interpretativo que estaba guiando en la Plaza de la Convalecencia frente a la escalinata de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, luego de hablar sobre cómo Río Piedras ha sido espacio de inspiración para muchos escritores, les leí un fragmento del comienzo de “Uno por uno”, de Trece puntos de araña, que describe una escena, precisamente, en la escalinata donde nos encontrábamos. A juzgar por las fotos no me prestaban mucha atención, pero al terminar la lectura uno de los jóvenes me dijo: Rita, ¿Por qué escribes eso? Y otro tenía el rostro con una mueca de nausea. Por eso, y otras razones, evito exponer a mis estudiantes a mi literatura. Si desean saber por qué las reacciones… deben leer “Uno por uno”.

Como ven, mis letras se nutren de casualidades y en esta ocasión la casualidad nutrió esta celebración de dos de los personajes que más aprecio de mi mundito literario: Carlota y Luisa, las inseparables hermanas Rosario. No les sorprenda toparse con Carlota el jueves en El Family, acompañada de Isabela, almorzando berenjena guisada con arroz y habichuelas o tal vez se encuentren con ella degustando un helado, en compañía de Josefa, en la heladería Georgetti, es muy probable. Luisa, Luisa estará esperándola en la casa y quizás es cómplice con Eduardo y Amanda de alguna sorpresa. A lo mejor, quién sabe.

Desde hoy celebro su existencia, su cumpleaños. ¡Brindo por Carlota y Luisa, brindo por Trece puntos de araña!

Gracias por leerme.

Quinteto viajero: Trayectoria bĂşmeran

Por Rita Isabel

Leo el título que acabo de escribir y sonrío. Sin querer queriendo, en este viaje-festejo, Agatha Christie también ha estado presente: Trayectoria búmeran. Era mi intención que este escrito se compartiera ayer, pero aquí estamos en mesa ovalada, un 14 de febrero de este año par, llenando las páginas de letras con el runrún del rastro de la ruta del Quinteto viajero con trayectoria búmeran. A un mes y un día de la fecha trazada para recibir a los cinco ejemplares andariegos, solo han llegado cuatro. Las historias pidieron viento y soltamos la cabuya.

Antes de escribir este runrún, leí sobre el búmeran (opto por la versión esdrújula y no la aguda porque así es como lo pronuncio) y meditaba que en realidad el objetivo al lanzar el búmeran no es que regrese, más bien es que dé en el blanco. Ese objetivo que suele ser una presa, porque me guste o no el búmeran es un arma de caza, el blanco es la presa que persigue. Mas esta trayectoria búmeran, sí es para que regresen los cinco transeúntes, pero repletos de la evidencia de quienes fueron participes de la travesía creativa y de festejo. La pregunta sería: ¿regresan con la presa adherida a sus páginas?

Cuando lanzamos a los Quintetos viajeros, uno con ruta sin retorno y el otro en trayectoria búmeran, le hicimos eco a las palabras de Irene Vallejo: “Así, escribir supone también confiarse una misma a otras manos, miradas y voces”. Hoy, que ya no es 14 de febrero, escribo este runrún del regreso de cuatro de los cinco ejemplares, y tengo el Manifiesto por la lectura, que también redactó Vallejo, al alcance de una mirada y cito: “Leer nunca ha sido una actividad solitaria, ni siquiera cuando la practicamos sin compañía en la intimidad de nuestro hogar. Es un acto colectivo que nos avecina a otras mentes y afirma sin cesar la posibilidad de una comprensión rebelde al obstáculo de los siglos y las fronteras. Por el camino del placer, sobre los abismos de las diferencias, la lectura ofrece puentes colgantes de palabras”. Me agrada sentir, sentipensar que este Quinteto a la dos es pasarela, tejido de manos, red de miradas y lienzo de voces, compañía y vínculo de palabras. (También me gusta pensar que escribir, al igual que leer, no es una actividad solitaria.)

Sin más… Runrún…

“¿Qué es el arte?” Llegó a mis manos antes del 13 enero. Momo y Misael subieron hasta mi monte el 29 de diciembre y me entregaron el ejemplar andariego que Momo compartió con estudiantes de intermedia de la escuela en la que enseña. Pasar sus páginas fue un aguinaldo.

“El ángel”, salí en su búsqueda el 11 de enero, día del natalicio del autor de La peregrinación de Bayoán y En barco de papel. Mentiría si les digo que fue a propósito la elección de la fecha, pero la casualidad llena de significado el regreso de “El ángel”. Su viaje más que travesía fue estadía. Así que, como “Una pelotita de pimpón rosada (¿o verde?)” nos había pedido vuelo, también le soltamos la cabuya a “¿Qué es el arte?” y a “El ángel”. Llegué con aires de Epifanía a la escuela donde laboro e invité a mis estudiantes a ser parte de la ruta búmeran. Agradezco a los que se unieron al viaje-festejo en “¿Qué es el arte?” y “El ángel”.

“Yo sé quiénes son” regresó a mis manos justo el 13 de enero honrando la palabra dada y repleto de la magia de Epifanía, pero ese cuento ya se los hice en Epifanías y silencios con Ocaso y Quinteto.

“A manos llenas” andaba en peregrino despiste, pidió vuelo y se le dio cabuya y ¡qué cabuya! Valió la pena dejarlo viajar hasta ayer, que ya es antier, martes 13 carnavalesco.

“Una pelotita de pimpón rosada (o ¿verde?)” pide vuelo y más vuelo, ya veremos qué sorpresas nos trae.

Y ya que andan y siguen andando con autonomía, coqueteo con la idea de soltar un chin chin más la cabuya, hacer algún junte para disfrutar de ellos y compartir esta trayectoria búmeran con más miradas, manos y voces antes de que el Quinteto encuentre hogar. Ya veremos.

Brindo por las palabras y por los festejos de nunca acabar.

Gracias por leerme.

ÂżQuĂ© dicen de Ocaso de Flores? 1

Por Rita Isabel

Ocaso de Flores fue tinta y papel en el mes de AcciĂłn de Gracias del 2023. Hoy agradezco la acogida que tuvo en el periodo navideño. Gracias a familiares, amistades y aquellas personas que siguen el rastro de mis letras que se lanzaron a adquirir un ejemplar de Ocaso de Flores como obsequio navideño, de fin o nuevo año y sobre todo de EpifanĂ­a. Como libro ilustrado (gracias a Momo y Misael) y con identidad visual (gracias a Rafael) parecĂ­a el regalo perfecto en Ă©poca de festejo. Mas, con las primeras reacciones al libro, tuve que comenzar a compartir los ejemplares advirtiendo que sus lectores trasmutan en lágrimas desde la primera estaciĂłn. Porque como dice la sinopsis: El dolor y la tristeza de las despedidas se transforman en magia, agradecimiento y esperanza durante doce relatos que, como meses con sus estaciones, nos guĂ­an sutilmente durante el imposible proceso de decir adiĂłs.  

Con Pasajeros y Trece puntos de araña, las reacciones llegaban a cuentagotas y usualmente por escrito, pero con Ocaso de Flores los encuentros en dĂ­as festivos llevaron a que recibiera reacciones ante ojos a punto de lágrimas, voces entrecortadas o con sollozos. Ante esas reacciones me quedĂ© sin palabras y sentĂ­ la necesidad de consolar… AsĂ­ naciĂł la advertencia y la recomendaciĂłn al entregar cada ejemplar: quizás sea mejor que lo leas cuando pasen los dĂ­as festivos. TambiĂ©n meditĂ© en una pregunta que me hizo mi hermana sobre por quĂ© empecĂ© con “Luminosa”. Aunque no concibo el libro comenzando con otra estaciĂłn que no sea verano, en realidad no recuerdo por quĂ© elegĂ­, de ese trĂ­o, a “Luminosa” para dar comienzo. Me parece que quizás era mejor “Polvo de estrellas”, sobre todo luego que recibĂ­ las reacciones de una lectora a la que le obsequiaron “Ocaso de Flores” en un intercambio de regalos: Estoy saliendo del invierno, primera estaciĂłn que seleccionĂ©. Esa abuela niña la sentĂ­ como mi madre vieja y las similitudes de sus oraciones a la comunidad, sus meriendas de rutina, pero… me entristeciĂł pensar que sus “almuerzos” no son de “compañía” sino de soledad. El relato de los “aparecidos” es misterioso y divertido con precauciĂłn. Por otro lado, agradecĂ­ que el Ă­ndice se me apareciera pronto y que las ilustraciones sean el complemento perfecto para las letras. ¡Ya seguirĂ©! Posiblemente brinque al verano. A leerla sonreĂ­ y pensĂ©: hizo bien en comenzar por invierno. Unos dĂ­as despuĂ©s, nos encontramos y me dijo que, si hubiese comenzado por verano, no podrĂ­a completar la lectura del libro, la sintiĂł muy fuerte. No le respondĂ­ lo que pensĂ©: deja que llegues a primavera, despuĂ©s de pasar el otoño… y sopesĂ© cuál de las dos estaciones se le harĂ­a más dura.

Una de mis compañeras de trabajo, que fue de sus primeras lectoras, me dijo: se tiene que leer poco a poco como se bebe un cordial. La hermana de uno de mis estudiantes me comentó: no pude pasar de la primera estación [por el llanto], lo voy a terminar cuando complete el semestre (es estudiante universitaria). Un tío, una noche que nos cruzamos en casa de abuela, me expresó, con la intensidad de lo que nos da trabajo decir: No lo puedo terminar…  luego me dio la enhorabuena por la manera en la que escribo y en otra ocasión mientras le entregaba un ejemplar a una persona, y él estaba presente, se lo recomendó. Otra tía dijo que era valiente y una prima, que tomó prestado el libro de titi, me escribió: Hola Ri. Por el momento solo te digo, porque tengo millones de pensamientos que no me dejan expresarme bien… porque me provocan sentimiento… que acabo de leer tu hermoso libro Ocaso de Flores, y necesito uno en mi vida. ¿Aún tienes disponibles? Cuando le entregué el ejemplar admitió que al tomar a Ocaso en sus manos pensó en leer uno o dos relatos, pero la lectura la atrapó y no pudo dejar el libro a un lado hasta el punto final. Al compartir las reacciones a la lectura con otra compañera de trabajo (que es mexicana y no teme llorar), reflexioné, ante sus palabras, que todo parece indicar que logré plasmar lo que muchos sienten o han experimentado y superé con ello las barreras de edad, cultura e identidad nacional.

Mi hermano que escribió la sinopsis, antes de redactarla, reaccionó: Trece puntos de araña estuvo bien, pero Ocaso está muchísimo mejor.

Magaly, colaboradora de Libros Pasajeros, me escribió: Anoche terminé de leer Ocaso de Flores. Pienso y siento que es la historia que estamos viviendo, historias distintas, pero paralelas, no sé si me explico. Lo terminé y volví a releer algunos de los cuentos. Es como cuando uno ve el álbum de la infancia y pasa y repasa las fotos. Gracias por hacernos ver lo importante de la historia…, palabras de mi querida comadre.

Un sacerdote jesuita, amigo de la familia y lector de mis letras, me escribiĂł:

Me zambullĂ­ de sopetĂłn en el Ocaso. Era como un rĂ­o silencioso de nostalgias, como un sueño, continuo ambiente de poesĂ­a.  Al ver los dibujos recordĂ©, cuando leĂ­ por primera vez el Principito. Me vino la misma sensaciĂłn de entonces. ParecĂ­a libro infantil y resultĂł maravilloso. FelicitaciĂłn a la acuarelista (Momo y Misael). El libro es corriente continua de poesĂ­a, hondos sentimientos que enaltecen a la autora al enaltecer la figura tan especial de su abuela. Como buena poesĂ­a abunda el lenguaje exquisito, por encima del habla comĂşn. Todos los sentidos se iban flotando sobre el rĂ­o: ruidos, sabores del terruño, muchos ojos que continuamente enfocan la escena en primer plano o de lejos, olores de la cocina criolla y el campo, la boca que se hace agua al recordar los postres, el roce de la piel envejecida y transparente, y hasta la «salamanca» que me recuerda tambiĂ©n los temores de mi niñez… Me hubiese gustado escuchar no solo el ruido de la huerta sino de las melodĂ­as de tiempos antiguos… El libro es un todo profundo, hondo, de amor hogareño sembrado por una anciana que, sin pretenderlo, ha sido una gran doctora.  Recuerdo a Teresita de Lisieux, que no estudiĂł gran cosa, y la declararon Doctora de la Iglesia.  Felicitaciones, Rita.

En otras ocasiones he comentado, medio en serio medio en broma, que como escritora a veces sentía un no-sé-qué con Pasajeros en sus dos versiones, hecho a mano-transeúnte y tradicional, porque recibía más “piropos” como libro objeto y performance literario que, por sus cuentos, (aunque en realidad exagerba un poco). Pensé que con Ocaso de Flores pasaría lo mismo y aunque cuando lo entrego es evidente, en el rostro de quien lo recibe, que encuentra el libro hermoso y luego me lo deja saber con palabras… las reacciones después de leerlo parecen indicar que es un libro memorable.

Para mí, estas primeras reacciones han sido también memorables sobre todo la de una familiar de Rafael (responsable de la identidad visual del libro). En una noche de churros y chocolate en Supremo Café nos encontramos y comenzó a hablarme del libro. Citó fragmentos de “Aroma a flores” y se hizo lágrimas. Semanas después su mamá murió. Mi hermana estuvo en los actos fúnebres y ella le comentó que leer Ocaso de Flores fue preparación para lo que tuvo que enfrentar. Escribo esto con la mirada caleidoscópica y un cundiamor floreciendo en mi garganta. No queda más que decir: Gracias…

Gracias totales.

Gracias por leerme y por apreciar a Ocaso de Flores.

Ocaso de Flores

EpifanĂ­as y silencios con Ocaso y Quinteto

Por Rita Isabel

Silencios [divagaciones]

El día 13 de cada mes siento la necesidad de escribir; pero como la palabra[lenguaje] antes de decir, hacía a veces la experiencia se impone y me lleva lejos de esta mesa de tope de cristal en la que escribo. Así fue el 13 de enero de este año par, que comienza caleidoscópico. En el 2023 festejamos la primera década de Libros Pasajeros y como la vida es un continuo, y el tiempo un abrir y cerrar de ojos, la celebración se extiende o se expande, salpica o repica en los primeros días de esta segunda década.

Así comencé este escrito el 14 de enero y el hacer, nuevamente, me alejó del teclado. Hoy le doy continuidad, en este domingo veintiocho de este enero de dos estaciones (una de redondo alegre, otra de espirales en contra del reloj), en este año bisiesto en el que recuerdo que hace 25 años, caminando por el casco urbano de Bayamón, llegué hasta el colegio en el que comenzaría a ejercer la profesión que mi abuela siempre quiso alcanzar: maestra. Escribo desde la mesa ovalada en casa de abuela junto a su compañía y de la de mi sombra. Aunque no era de mi transitar como educadora de lo que deseaba escribir, no puedo evitar evocar y sonreír.

Aquellos primeros meses, y Ăşnicos, en los que estuve en un salĂłn de clases de una escuela convencional enseñé Historia de Puerto Rico, asĂ­ con mayĂşscula. Luego, en ese mismo año, lleguĂ© al espacio que serĂ­a mi transitar como educadora: un ambiente Montessori de Erdkinder. Ha llovido torrencialmente desde aquel Monacillo montessoriano, luego continuĂ© ese viaje desde RĂ­o Cañas en un ambiente de Casa de niños, del que saltĂ© (con toda la energĂ­a creativa de una joven adulta que creĂ­a que las utopĂ­as eran realizables) a Humacao, nuevamente, a un ambiente de Erdkinder que dos años despuĂ©s se enclavarĂ­a en mi casita, en mi monte, acá arriba en La Mesa… y llegĂł el dĂ­a en el que le puse punto final a lo que pensĂ© que serĂ­a un para siempre. A ojos ciegos la vida me llevĂł a Yabucoa, esa experiencia ampliĂł mi visiĂłn de vida y me enraizĂł a la realidad. En el 2019 recogĂ­ velas para dedicarle más tiempo a estas letras pasajeras y a mi familia. RegresĂ©, veinte años despuĂ©s, al ambiente Montessori de Erdkinder en el que comencĂ© este peregrinar de aprendizaje como educadora…  Pero pongo punto final a este divagar para escribir de lo que deseo compartir.

EpifanĂ­a con Quinteto y Ocaso

Hay palabras que hacemos nuestras, que nos marcan, acompañan y guían. Palabras que son festejo, tradición viva y con su uso sentimos que nos llenan de trascendencia o nos llevan a trascender. Epifanía es una de MIS palabras. Como puertorriqueña la época navideña es festejo que se prolonga. A tres, casi dos, años de cumplir medio siglo siento que esa época para mí es Gratitud, reCuento y Epifanía. La festividad que espero con mirada al infinito buscando los tres puntos luminosos que me recuerdan que se están acercando los Tres Santos Reyes es la víspera y el día de Epifanía. Me gusta ser su emisaria ponerme una corona de cundiamor (cundeamor) y regalar: oro, incienso y mirra que trasmutan en libros y en productos de artesanos boricuas.

Este año gracias a “Yo sé quiénes son” del Quinteto viajero con trayectoria búmeran y sobre todo a Ocaso de Flores anduve con la corona de enredaderas hasta el 13 de enero. Ese día Sara, Rafael y yo con coronas de cundiamor pasamos a ser Melchor, Gaspar y Baltasar y con ello se nos reveló la esencia de la Epifanía. Salimos de nuestro monte camino al sector Los Panes del barrio Beatriz en mi Caguas, a recoger a “Yo sé quienes son” que desde el 13 de septiembre acompañaba al grupo C.A.S.A. de la biblioteca comunitaria. Gratitud infinita para ese grupo de mujeres extraordinarias que dejaron su sabiduría y creatividad estampada en el Quinteto viajero.

De ese otro monte, (parece que los Tres Magos de Oriente, al igual que las cabras tiran pa’l monte) salimos rumbo a Barranquitas. En el camino Sara y yo recordábamos, para afirmar nuestros afectos a esa ruta serpentina, nuestros viajes anuales a la cuna de los próceres. Todos los años Barranquitas nos recibía en julio en la feria de artesanía o cuando viajábamos a visitar los parajes de la niñez y adolescencia de mi familia paterna: Orocovis y Barranquitas. Pero hubo un año que las visitas fueron mensuales, pues nos acogía, un fin de semana al mes, en la que fue la Casa de Espiritualidad Sagrado Corazón al lado de El Cortijo.

En ese evocar afectos llegamos a su plaza de recreo para luego seguir la ruta serpentina hasta la casita, como ella le llama, de Ariana Muñoz que es llegar al terreno de su familia. El propósito del viaje era entregar un Ocaso de Flores a Ariana. Pero la familia Muñoz nos agasajó con su alegría de campo adentro: profunda, genuina y esplendente. Y fue la familia quien se engalanó con las coronas de los Tres Santos Magos de Oriente y compartieron su oro, incienso y mirra. Un arroz con pollo con sabor a tradición, lágrimas de monte para Rafael y chinas sabrosas, además de un abrazo múltiple que nutre. El 13 de enero fue un día de redondo alegre y cundeamor. Gracias a Rafael y Sara por acompañarme en ese viaje peregrino de Epifanía, gracias a las hermanas Ariana y Diana, que junto a su familia nos acogieron en nuestro Barranquitas.

Regreso…

¿Qué ha sucedido luego que bajamos el monte barranquiteño para regresar a nuestro monte y subir y bajar, bajar y subir?

Prometo, tan pronto me robe unos minutos de estos días ajetreados, contar qué dicen algunos de los primeros lectores de Ocaso de Flores, reseñar la premiación de Tiburón, novela de la autoría de J. A. Zambrana que edité, y que ganó el primer premio nacional en Creación del Certamen literario del Instituto de Literatura Puertorriqueña y sobre todo compartir qué ha pasado con los cinco ejemplares del Quinteto viajero con trayectoria búmeran. Adelanto que ese quinteto se resiste a regresar y prolongamos el viaje hasta el 31 de enero. Vamos a ver si regresan.

Por cierto, en estos días Wikins Román Samot me entrevistó, por aquí les dejo el enlace a la entrevista: https://elpostantillano.net/index.php?option=com_content&view=article&id=33916:rita-isabel-collazo-vazquez-nuestra-entrevistada&catid=293:cultura&Itemid=1002

Gracias por leerme.