Ventana sobre Libros Pasajeros en el 2023

Por: Rita Isabel

(Adaptación del escrito de Eduardo Galeano “Ventana sobre el tiempo” del libro Las palabras andantes)

Compartimos nuestro re-cuento: tradición lúdica de fin de año.

En Libros Pasajeros, enero fue tiempo de (con)fabular festejos: ¡Nuestra primera década!

En febrero Ocaso de Flores recibe nuevas miradas desde la corrección de estilo y ortotipográfica. El teclado suena y resuena, hay carnaval de letras.

En marzo, ocurre la parición de las fábulas y los festejos. El 3 de marzo hubo concilio para lo que sería el Quinteto viajero a la dos: ¿Qué es el arte?, El ángel, A manos llenas, Yo sé quiénes son y Una pelotita de pimpón rosada (o verde) fueron los elegidos para las travesías. Un viaje sin retorno y otro en trayectoria búmeran…

En abril, partieron los primeros Libros Fósforos como emisarios de gratitud a editoriales cartoneras y participamos de la segunda Feria anual del Libro en Caguas: La literatura puertorriqueña del siglo XXI.

En mayo, comenzó la temporada de tormentas de ideas. Regresamos al otro lado del espejo en un junte para el Quinteto viajero a la dos, luego fue silencio.

En los veraniegos días de junio el silencio cesó, presentamos el libro de Izamaris Hernández, Cada media hora, junto a José Rivera González y Luz Nereida Lebrón. Soñamos en mesas redonda y ovaladas «Lo que habita en un Te quiero». Justo un martes 13 regresamos al quehacer literario y usamos como brújula las palabras de Irene Vallejo en El infinito en el junco La invención de los libros en el mundo antiguo:

Leer exige creer la historia, pero también crearla. La literatura, como decía Ursula K. Le Guin, propone una colaboración entre el narrador y el público, entre la escritora y la lectora; es fabulación y confabulación. Así, escribir supone también confiarse una misma a otras manos, miradas y voces.

En julio, los Libros Fósforos estuvieron de peregrinaje por El camino de Santiago y se pasearon por Irlanda, mientras los Quintetos viajeros se apoderaban de mi existencia. Enserio Books compartió nuestras conversaciones sobre Pasajeros y Trece puntos de araña.

Agosto, cielo rojo, fue tiempo de quehacer creativo con el ritmo de trabajo de las hormigas. S.O.S. hubo junte para ensamblar los ejemplares de los Quintetos viajeros desde este lado del espejo, el tiempo apremiaba. También conversamos con José Borges sobre Trece puntos de araña en In Media Res.

En la luna madura del noveno mes y no en luna verde, se festejó el 13 de septiembre: ¡los Quintetos fueron liberados! El trabajo de diseño de Ocaso de Flores se intensificó

Octubre compartimos nuestro fuego con el taller Libros que encienden: Del fósforo al hogar. Taller de escritura creativa para el grupo C.A.S.A. del sector Los Panes en el barrio Beatriz de Caguas. Participamos en Desde la esquina, primer episodio de la segunda temporada, para entrevistar a C. C. Pagán y J. A. Zambrana en su primer año.

En noviembre, todo es gratitud. Hubo junte con Página en blanco en la Carrera del pavo y Festival de arte de Valencia: obsequiamos Libros Fósforos. A finales del mes: ¡Ocaso de Flores fue tinta y papel!

En diciembre regresa el primer libro andariego del Quinteto viajero en trayectoria búmeran. Punto final al año de festejo (¿o fueron tres puntos suspensivos?): ¡la vida celebra, las letras festejan!

¿Qué nos depara el 2024?

La primera década (o el comienzo de la segunda): En Acción de Gracias

Por Rita Isabel

Hay que inyectarse cada día de fantasía

para no morir de realidad

Ray Bradbury

Como Acción de Gracias comparto nuestro tercer proyecto en este año de festejo: ¡Ocaso de Flores!  Nuestra tercera publicación tradicional (pero nada de convencional) e independiente hecha 100% en Puerto Rico… El 13 de septiembre celebramos nuestra primera década de existencia. El conteo en gratitud comenzó en enero: los Libros Fósforos salieron de peregrinaje, nació el Quinteto viajero a la dos y en el decimotercer día de septiembre brindamos con tinta, papel y palabras por el cierre de la primera década y el comienzo de la segunda. Mas como este festejo es desde el otro lado del espejo, hoy agradecemos compartiendo a viva voz que Ocaso de Flores es tinta y papel.

Gracias infinitas a todas las personas que han sido parte de esta primera década de Libros Pasajeros.

Gracias totales al círculo de afectos y afinidad creativa que hicieron posible a Ocaso de Flores.

Agradecida siempre a mi familia de sangre y de palabra.

Ocaso de Flores se ideó desde este lado del espejo, a destiempo y en contra de las manecillas del reloj. Se escribió con lupa caleidoscópica en la mirada y con los dedos tecleando añoranzas, impotencias y tristezas rabiosas. Confieso que Ocaso de Flores es un riesgo literario, una apuesta a poder llegar más allá tiempo.

Pronto compartiremos la belleza del quehacer creativo de las nietas y los nietos que apalabrados y letraheridos plasmaron su talento en Ocaso de Flores.

Hoy comparto una mirada, un guiño, al trabajo detrás del proceso de difusión de Ocaso de Flores…

Sobre este libro ilustrado (¡sí, hermosamente ilustrado!) prefiero compartir la sinopsis que preparó el nieto de Antonia Flores Rosario y Rosa Rodríguez Aponte: Carlos Antonio Collazo Vázquez (los apellidos delatan nuestro parentesco).

Una generación imprescindible se despide. En un mundo obsesionado con lo nuevo, Rita Isabel Collazo Vázquez nos ofrece una serie de relatos íntimos y conmovedores acerca de la vejez. La autora nos presenta a su abuela Antonia, una mujer centenaria y admirable que ya comienza su transición a lo desconocido. El dolor y la tristeza de las despedidas se transforman en magia, agradecimiento y esperanza durante doce relatos que, como meses con sus estaciones, nos guían sutilmente durante el imposible proceso de decir adiós. Antonia es todas las abuelas, bisabuelas y tatarabuelas que habitan en nosotros y en estos cuentos volveremos a encontrarnos con ellas. Ocaso de Flores es una carta de amor a nuestros mayores que visibiliza su inmenso valor y pone en perspectiva el legado espiritual que dejan en nosotros.

Me repito, en este 2023 me hago eco de las palabras de Dag Hammarskjold: “Por todo lo que ha sido, gracias. A todo lo que ha de ser, sí”.

           

La primera década: Vuelo

Por Rita Isabel

En gratitud…

…de un pájaro las dos alas.

Lola Rodríguez de Tió

En semana de claroscuros tratando de distinguir la belleza en las luces y las sombras…

Último viernes de septiembre, mes de festejo…

Justo en la tarde que libero el antepenúltimo ejemplar de los Quintetos viajeros (el penúltimo en ruta búmeran…)

Agotada y observando un episodio de Anne with an E…

Escuchó el sonido que anuncia que recibí un mensaje por WhatsApp. Dudo si atender o no el mensaje. Decido leerlo. Son las 8:50pm. Es un número que no reconozco y bastante extraño. El Buenas noches, junto a Mi nombre es… vivo en Cuba hace que sienta un aleteo en el corazón: vuelo. Las próximas palabras que leo confirman lo que el corazón presintió.

En abril, un puñado de Libros Fósforos salieron rumbo a Chile, Bolivia y España, por correo postal, como gratitud a la tradición de editoriales cartoneras que, junto a otras personas y vivencias, fue inspiración para que se gestara Libros Pasajeros. Un obsequio o un brindis desde la Antillas por esta primera década de Libros Pasajeros. Y como suele suceder cuando los festejos se hacen desde ambos lados del espejo, el mandala de afectos y afinidad creativa, en las letras de Ariana Muñoz, afirmó con entusiasmo: ¡podemos enviar a Cuba [Libros Fósforos] para una lectora hermosa! En ese abril también salieron rumbo a Cuba los libros que encienden. La luna se infló y desinfló varias veces y no recibíamos noticias de los Libros Fósforos con ganas de viento. El miércoles 13 septiembre imaginamos, medio en serio, medio en broma, diversas posibilidades del destino que enfrentaron. Dos días después nos llegó un runrún… pero hasta ayer a las 8:50pm no se confirmó el arribo de Libros Fósforos a la Antilla hermana: desde la menor de las mayores a la mayor de las mayores.

En el último día de este mes de festejo comparto este redondo alegre: mis letras llegaron a Cuba, el conteo en gratitud que ya llega a su ¿fin? Más bien al continuará… llegó a manos de Dayana en Cuba. Gracias a las manos que conspiran y a las que inspiran por acompañarme en este viaje de letras, por celebrar la primera década de Libros Pasajeros.

Gracias a Ariana Muñoz por ampliar el mandala de afectos y afinidad creativa.

Gracias a Dayana Pino por acoger a los Libros Fósforos.

Brindo por Cuba y Puerto Rico, y como sientepiensa Dayana, de un mismo corazón las dos alas.

¡Salud y vuelo!

Sobre el Quinteto viajero… pronto cuento y recuento.

Me repito, en este 2023 me hago eco de las palabras de Dag Hammarskjold: “Por todo lo que ha sido, gracias. A todo lo que ha de ser, sí”.

           

La primera década: ¡Quinteto viajero!

Por Rita Isabel

Conteo en gratitud: ¡13 de septiembre de 2023!

Recuento: Proyecto transeúnte

Cinco libros hechos a mano (a la dos): libres, viajeros y dispuestos a ser intervenidos

enero: la idea, celebrar con palabras andariegas

Al preguntarnos cómo celebrar esta primera década la respuesta fue instantánea y entusiasta: ¡con palabras!

febrero: idear e idear para convocar

Surgieron más preguntas: ¿cómo?, ¿cuáles?, ¿cuántos? Decidimos honrar a nuestro hogar virtual y seleccionamos diez de los escritos que hemos compartido en el blog durante esta primera década y le añadimos una ñapa de un escrito que andaba atrapado en el olvido. Solo serían cinco. La voz de la consciencia de nuestra Gestora cultural, Sara, nos animó a crear grupos focales, prueba de usuarios, para enriquecer el proceso y expandir el círculo de afectos y afinidad creativa en círculos concéntricos de decisiones creativas… o algo así. La otra voz de nuestra consciencia práctica y literaria, J. A. Zambrana, nos cuestionó la locura y nos llevó a trazar dos rutas, una al infinito y más allá, porque si se iba a reincidir en locuras debían ser puras, y en trazar una ruta búmeran para documentar las intervenciones y luego donar ese quinteto: ¡Quinteto viajero a la dos! 

marzo: concilio

Convocamos. El viernes 3 de marzo, Elena y Manuel nos acogieron en su hogar apalabrado. Se dieron cita: Ramonita Letraherida (mi mamá), Magaly, Edwin, Armando, J. A. Zambrana, Rafael, Amanda y Sara… Entre vino, pizza y otras delicias se eligieron los cinco títulos que conformarían el Quinteto viajero:

A manos llenas

Yo sé quiénes son

Una pelotita de pimpón rosado (¿o verde?)

¿Qué es el arte?

El ángel (Este último título me tomó por sorpresa, pues fue la ñapa que pensé que no elegirían.)

abril: otra vez idear e idear para convocar

Una vez se seleccionaron los títulos de los Quintetos viajeros era el momento de diseñar el libro. Convocamos a un mandala expansivo de lectores-gestores para que nos dieran sus impresiones respecto a los cuentos y sobre la manera en que debíamos diseñar los libros.

mayo: el junte

Adriana, José Julio, Carline, Josele, Mara, Marian, Rafael y Sara respondieron al llamado. Fue una mañana que se extendió hasta casi la puesta del sol. Fue un compartir de lluvias de ideas y palabras-abrazos de afinidad creativa.

junio: en gestación

Ese instante prolongado en que se piensa y repiensa, rumiando cómos.

julio: en creación

Primero a cuentagotas, luego enclaustrada: recolectamos material, sopesamos texturas y estéticas, buscamos referencias, diagramamos, repensamos, construimos y en el mejor momento… el tiempo se esfumó.

agosto: S.O.S

Las manos que conspiran e inspiran fueron necesarias. Se convocó, y una tarde de domingo, Ramonita Letraherida y Carlos Luis Apalabrado (mis padres) fueron nuestros anfitriones. Adriana, Sara, Rafael, Magaly, Elena, Manuel, J. A. Zambrana y Bernardo se dieron cita. Se ensamblaron ejemplares.

septiembre: consultas, síes y noes, redes y liberación

Mila entró en escena para solidificar el compartir más allá del papel. A destiempo, y en contra del tiempo, completamos los ejemplares y lanzamos las invitaciones. Recibimos síes entusiastas y otros no fueron ni noes, pero tampoco síes… Gracias a esos ni síes ni noes, los Quintetos que se pensaron para viajar en Puerto Rico, dejaron escapar un ejemplar hacia México. Así son los libros autónomos, libres y andariegos, deciden sus rumbos y uno de los cinco, con ruta sin retorno, se despidió del archipiélago antillano. El trece de septiembre del noveno mes del año en curso fue un día de espiral contentura.

Agradecemos a las manos en las que comenzará el viaje de los Quintetos viajeros:

Ruta sin retorno

Diana Muñoz (y Ariana Muñoz)

Sheila Burgos

Gadiel Rivera

De libro en libro

Familia Lara en México

Ruta búmeran del 13 de septiembre de 2023 al 13 de enero de 2024

Mila Aponte González

Momo Rosario

Mara Pérez

El grupo CASA (de la comunidad del Sector Los Panes en el barrio Beatriz de Caguas)

Adriana Flores (Supremo Café)

También agradecemos a las manos que le darán continuidad.

¡Gracias!

Me repito, en este 2023 me hago eco de las palabras de Dag Hammarskjold: “Por todo lo que ha sido, gracias. A todo lo que ha de ser, sí”.

Por aquí un guiño al proceso:

Cabrera Cuevas, Jessica (2014): “La creatividad finalmente podría expresarse como un comunicare o común unión entre nuestra conciencia elevada de ser creador y el mundo que queremos crear o como la manera más bella y perfecta de conectarnos a nosotros mismos, a los demás, a la naturaleza y a Dios o aquello que nos trasciende”

           

El ángel

Por: Rita Isabel

Angélica hacía todo lo posible por hacerse de la vista larga. Pero sus enormes ojos escudriñaban cada rincón del patio durante el recreo. Su mirada se posó en aquellos tres compañeros que martirizaban a todos los demás. Hoy era a Rubén, le rompieron sus espejuelos. Angélica intentó desviar su mirada, comer su sándwich sin prestar atención; sin embargo, por más que se lo proponía no podía ser indiferente.

A principios del semestre, cuando todo comenzó, Angélica intentó hablar con aquellos niños, pero la miraron de arriba abajo como si con ellos no fuera la cosa. Y supo que con ella no se meterían, pero que no le harían caso, seguirían hostigando al que les diera la gana. A Jorge Luis lo encerraban en el baño por lo menos una vez a la semana, a Mía le ponían en el bulto cosas asquerosas cuando menos lo esperaba, a Miguel le quitaban sus meriendas todos los días, de Susana se copiaban en los exámenes de matemática, a Hilda y a Esteban los obligaban a hacer sus asignaciones y a Julián lo obligaban a comer tierra, beber refresco hasta vomitar, pedirle el sí a las nenas de otros grados con la boca llena de comida y cosas así.

Nunca habían molestado a Rubén, pero desde que le pusieron espejuelos ha sido blanco de sus maldades. Cuando Angélica habló con ellos y vio que seguirían con sus cosas, trató de hablar con todos los del salón para que se unieran y se protegieran unos a los otros; pero nadie quería arriesgarse a tener aquel trío como enemigo. Entonces, no tuvo otro remedio que hablar con las maestras, pero excepto la Sra. Torres los demás maestros solo hicieron el aguaje de hacer algo. La Sra. Torres lo intentaba, sin embargo, no era omnipresente así que cuando ella no estaba los tres chicos hacían y deshacían a gusto y gana.

Angélica hasta intentó hablar con las mamás de aquellos tres nenes; pero, cuando lo hizo con una de ellas, se dio cuenta que no serviría de nada. Al contrario, al otro día, el compañero llegó de peor humor y los tres decidieron desquitarse con los más débiles del salón. Ese día corrió la sangre en el recreo. Así que, día tras día, Angélica veía cómo maltrataban a sus amistades y el sándwich se le atragantaba en la garganta. Aquello de recreo no tenía ni un pelo.

Sabía que no debía hacerlo, pero no, no podía hacerse de la vista larga. Sabía que si sus papás se enteraban, la castigarían y hasta podían llamar a sus abuelas, con todo lo que eso significaba. Pero lo que tenía a su favor era que lo había intentado todo, había seguido todos los consejos que ellos le dieron para lidiar con aquel asunto, pero nada daba resultado. Sabía que aquel argumento no la libraría de un castigo. Estaba totalmente consciente que no debía hacerlo, pero lo haría.

Angélica ya no se hizo de la vista larga, clavó su mirada en los tres chicos. Se acercó a ellos con paso firme y la vista en alto. Y con la certeza de que no podrían negarse, los invitó a jugar El ángel, en el parque, después de clases. Todos aceptaron sin pensarlo dos veces.

Allí estaba Angélica con los tres acosadores, y un puñado de chicos y chicas del salón, listos para jugar a El ángel. Definitivamente ella sería el ángel, ninguno de los chicos protestó. El juego comenzó.

—Tun, tun

—¿Quién es?

—El ángel

—¿Qué busca?

—Una cinta

—¿De qué color?

—Color…

Después de una hora de juego el parque estaba casi desierto. Angélica era la única que quedaba, pero ya partía rumbo a su casa. Llevaba la mirada perdida y tres lindas cintas en sus manos: ya no acosarían a nadie.

Cuando llegó a su casa echó un vistazo antes de entrar para ver si estaba despejado, sin padres a la vista. Y entendió que así era, pero la vista le falló. Tan pronto entró tropezó con la mirada de sus abuelas. Ambas tenían sus ojos clavados en ella y Angélica se sintió desnuda. Una de ellas dijo: ya llegó. Sus padres se acercaron. Su madre la fulminó con la mirada y su padre vociferó: Némesis Angélica. La abuela materna extendió su mano izquierda y la niña le entregó las tres cintas. La abuela parpadeó y las tres cintas se desvanecieron mientras los tres compañeros de Angélica aparecieron temblando de miedo en sus respectivas casas. La abuela paterna la abrazó y dijo: veintiocho ciclos de luna sin magia. Y en un abrir y cerrar de ojos ambas abuelas se marcharon. De cada uno de los ojos de Némesis Angélica resbalaron tres lágrimas de genuino arrepentimiento, sus papás no dijeron nada.

Sabían que era por su nombre, no era la primera vez que usaba su magia, aunque estaba prohibido en el mundo de los sin magia. También sabían que Angélica no lo hacía con maldad; pero esta vez se pasó. Una cosa era desaparecer la sal en todo Hawái para que no mataran más coquíes y otra muy distinta convertir a sus compañeritos en cintas. Por eso habían llamado a las abuelas tan pronto observaron que Angélica se acercaba a la casa con las cintas en las manos y la mirada perdida. Sus grandes ojos la delataban. Las abuelas eran las únicas capaces de resolver los entuertos de Angélica.

Pero Angélica se arrepintió realmente al otro día, cuando los tres compañeros cruzaron su mirada con la de ella y solo pudo ver en sus ojos una mirada de pavor. La miraron de la misma manera que los amigos de Angélica los miraban a ellos: con temor, recelo y rechazo. Entonces comprendió su monstruoso error.

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