Pasajeros en ruta… desde el hogar (3)

La ruta sigue en pausa.

El viaje continĂşa en imagen y palabra.

Libros Pasajeros apalabrado: agradece y comparte.

Manos que conspiran (video por): Amanda Solla Alejandro encuentra la poesĂ­a en la imagen.

Memorias de la primera parada: sábado, 14 de marzo de 2020 Librería Mágica

Pasajeros en ruta… desde la casa

Por: Rita Isabel

La ruta continúa en pausa…

Hoy, que hubiese sido la tercera parada(presentación) en Caguas, comparto una de las versiones de “Legión de niñas”. Los relatos “Cuando la muerte acecha con ropaje de inocencia” y “Legión de niñas” para muchas de las personas que han leído el libro son el corazón del micro mundo que es Pasajeros. Estas historias nacieron por la necesidad de expresar lo que sentía cada vez que leía o escuchaba una noticia de maltrato infantil, negligencia y muertes de niños, de niñas en Puerto Rico.

Una anécdota familiar dio vida a los relatos. En mis años universitarios viajaba en transportación pública. Siempre esperaba la guagua en una parada en Río Cañas de la carretera número 1 de Caguas a Río Piedras. Una mañana, una parada más adelante, subió al autobús una mujer con un niño en brazos que estaba acompañada de una niña no mayor de cuatro años. Raquel, que era el nombre de la niña, conversó conmigo durante todo el trayecto hasta llegar a Río Piedras. Tan pronto tuve oportunidad escribí un intento de poema con todo lo que me contó. Lo titulé: “Rebeca de cuatro comienzos”. Cambié el nombre para cuidar la identidad de la menor, pero también por la sonoridad y la cadencia del intento de poesía. Todo quedó ahí.

Un tiempo después, pasó algo curioso. En la celebración de Epifanía, en nuestra familia, nos reunimos en casa de mi abuela y todo el que desee prepara una manualidad o artesanía para intercambiar. Antes del almuerzo las manualidades y artesanías se exhiben en una mesa. Luego nos reunimos en un círculo y nos “echamos los papelitos” entre los que llevamos artesanías o manualidades para regalarnos unos a otros. Cuando te llega el turno hay que explicar la artesanía, nombrar a quién le tocó y se hace la entrega junto a un abrazo. En esa ocasión hice un librito con ese poema.

Cuando me llegĂł el turno expliquĂ© mi artesanĂ­a y leĂ­ el intento de poesĂ­a. Una de mis tĂ­as al escuchar la descripciĂłn del trĂ­o, la parada y las indicaciones dĂłnde vivĂ­a la niña, dijo: yo les di pon un dĂ­a que llovĂ­a torrencialmente (no sĂ© si esa fueron sus palabras exactas, pero eso expresĂł con cierto aire de sorpresa). AsĂ­ naciĂł “Cuando la muerte acecha con ropaje de inocencia” y poco tiempo despuĂ©s, en Barranquitas, naciĂł “LegiĂłn de niñas”.  

La “LegiĂłn de niñas” que viaja en Pasajeros no es la versiĂłn original, ni la que leyeron los lectores de “Como semblanzas o seis relatos pasajeros”. Son más de cinco versiones. Deseaba, en la presentaciĂłn que estaba programada para hoy en Caguas tener libros hechos a mano con las versiones de «LegiĂłn de niñas». Ya será…

Hoy apalabrada con Pasajeros en ruta, comparto la versión viajera. Si has leído la versión de Pasajeros, me encantaría saber, ¿cuál prefieres? Quizás, al igual que lo que compartí la semana pasada, sea una lectura de interés para estos días de aislamiento y sirva de equivalente o adelanto a la presentación que hubiese sido hoy.

En fin, Pasajeros se queda en casa, pero las palabras viajan.

Legión de niñas: Versión viajera

La muerte, ¿a qué le teme? A la inocencia…

A veces me imaginan como un canto hondo; en otros momentos, como un estado atemporal, la ausencia de la consciencia, un cambio hacia lo etéreo o la cesación del ciclo vital. Sin embargo, la mayoría del tiempo-espacio o el espacio-tiempo soy o estoy inevitable e irremediablemente en todo lo que es vida.

Por todo esto es que no entiendo por quĂ© todos sus temores recaen en mĂ­. Sobre todo, porque no soy decisiĂłn, ni acciĂłn, ni intenciĂłn. No llego como se me adjudica, no hay una hora, ni un lugar predestinado; no doy citas. La vida me invita a su encuentro. Aunque, en esencia, ella me habita como yo a ella.   

Admito que a veces me aburro y quiero tomar la iniciativa. Es en ese instante que parte de lo que soy se encarna en una mujer, muy pocas veces en un hombre. Entonces, las reglas se trastocan. Porque cuando tienes un cuerpo mortal, tienes también la gran capacidad, el sublime potencial de equivocarte. Esa potencialidad de errar me recuerda que, aun encarnada, la responsabilidad de mi existencia en cada uno de los mortales no recae totalmente en mí. Hay algo fortuito que marca ciertos sucesos.

Hace poco me obligaron a hacerme mujer. No ha sido placentero. Me conjuraron una legión de niñas. Se sentían abandonadas e invocaron mi compañía.

***

Somos una legión de niñas. Todas tenemos menos de cuatro años. Todas, menos la niña que hemos encarnado; ella tiene cuatro años y nos regaló nuestro nombre: Rebeca. Nos sentíamos solas. Necesitábamos una madre que nos acompañara. Una madre con un niño en brazos. Por eso la convocamos, fue un acto de justicia. Ella, esa, eso, nos habitó; ahora nosotras habitaremos con ella.

Somos Rebeca, una legión de niñas muertas. Encarnamos un cuerpo de una niña de cuatro años. Somos visibles para los elegidos, mas no tangibles. Nos sentimos solas porque ya no tenemos aliento. Convocamos a la muerte para que fuera nuestra madre. Una madre con un niño en brazos. Un niño que murió como nosotras. En nuestra isla, la muerte se paseará con ropaje de inocencia. Conversaremos con los que les ha llegado su hora. Los acompañaremos de camino a la cesación de la vida. Nuestra mirada indiscreta, inquisidora, se posará sobre cada uno de ustedes. Seremos el lazo entre lo vivo y lo muerto.

Somos Rebeca, una legiĂłn de niñas sin aliento, muertas, encarnadas… No comprendemos lo que nos pasĂł. Nuestro fallecimiento fue prematuro; sin lugar a duda injusto. Por eso nos sentĂ­amos, más que solas, abandonadas. Pero ya no estamos solas, adoptamos a la muerte como madre. Ella lleva un niño en brazos y nosotras la acompañamos. Intentamos que actĂşe con presurosa prontitud, que sea puntual: que no llegue antes, ni despuĂ©s. Pero a veces cometemos errores.

Somos Rebeca: muerta por la distracciĂłn de su padre, un hombre trabajador, responsable y recto, que olvidĂł que su hija estaba en el carro y que antes de llegar al trabajo debĂ­a llevarla a la guarderĂ­a.

Somos Rebeca: muerta cuando una mujer honesta, trabajadora y bondadosa la atropellĂł, pues la luz del sol la cegĂł y no vio que en la calle caminaba una mujer empujando un cochecito. La madre pasaba por la calle porque la acera por donde debĂ­a caminar estaba ocupada por una hilera de autos mal estacionados.

Somos Rebeca: muerta con apenas unos meses, a causa de los golpes que su padrastro le propinĂł, su madre no podĂ­a vivir sin un hombre. El padrastro era un buen proveedor, pero carecĂ­a de autocontrol.

Somos Rebeca: muerta al jugar con un arma de fuego que su papá guardaba para proteger a la familia.

Somos Rebeca: muerta cuando su madre amorosa —una mujer bajo una gran depresión— decidió quitarle la vida para luego suicidarse.

Somos Rebeca: muerta por una bala perdida.

Somos Rebeca: muerta al ahogarse en su propio vĂłmito y ser sepultada por las manos maternas en el congelador de la nevera del que fue por cinco meses su hogar.

Somos Rebeca…  

Ahora acompañamos a la muerte que se hizo mujer por nosotras. Y que, por peticiĂłn nuestra, carga en sus brazos —maternalmente— a un crĂ­o que falleciĂł con solo dos meses de existencia. Su cuerpo presentaba catorce fracturas a la hora de la muerte. En nuestra isla la muerte es una madre con un niño en brazos. Eso nos facilita dialogar con los que están por morir. Cruzamos nuestra mirada indiscreta, inquisidora, con los elegidos. Enlazamos a los vivos con su muerte para intentar comprender…

Ayer fuimos unas, hoy somos otras y esperamos —porque es justo y necesario— que pronto no seamos ninguna. Por el momento, hasta que cesen nuestras muertes y no se una a nosotras ninguna otra víctima, vagaremos de pueblo en pueblo hasta que llegue el momento en que nos tocaba morir. Como carecemos de aliento, podemos ver más allá de lo evidente, por eso sabremos cuál es el momento indicado. Mientras tanto, nuestra mirada indiscreta, inquisidora, se posará en ustedes. Seremos el vínculo entre la vida y la muerte.

ÂżNos sientes?

Pasajeros en ruta, desde su hogar

Por: Rita Isabel

La ruta está en pausa…

Luego de los temblores de fin y principio de año (2019-2020) que me llevaron a posponer la presentación de Pasajeros, el círculo de afectos y afinidad creativa que es Libros Pasajeros se activó. Cada par de manos que conspiran, y las que inspiran, desde sus faenas se unieron al proyecto con aire de festejo. Marzo era el mes para las presentaciones. Cálidamente bautizamos al proyecto como: Pasajeros en ruta.

Llegó el mes de ventolera y el coronavirus dejó de parecer un imaginario o un hecho lejano para Puerto Rico. Fue evidente que no era un problema de otros y puso de manifiesto que es un problema de nosotros… la humanidad; en nuestro hogar, el planeta Tierra.

El sábado, 14 de marzo de 2020 estaba previsto comenzar el viaje de Pasajeros en la Librería Mágica en Río Piedras. Libros Pasajeros tuvo una especie de cónclave el viernes 13 de marzo mientras se celebraba el año nuevo personal de un par de manos que conspiran. Los ocho reunidos avalaron continuar con el plan. Al día siguiente comenzaría el viaje, pero dos pares de manos de abundantes canas debían quedarse en casa

Nos lanzábamos a un acto temerario (casi imprudente) con entusiasmo. Cercanos a la hora de la presentación enfrentamos algunas bajas; totalmente comprensible ante las circunstancias que llamaban a la prudencia.

Puntuales y no tan puntuales comenzaron a llegar a la Librería Mágica amistades de, con y por palabra. Esa tarde estábamos apalabrados. En un ambiente familiar se habló de Pasajeros. Esa tarde aprendí de mis letras al escuchar a uno de mis editores y al responder preguntas.

Agradezco a todas las personas que comenzaron la ruta, a las presentes y a las que tuvieron que quedarse en casa. Gracias a la Librería Mágica por acoger a Pasajeros.

Hoy, que hubiese sido la segunda parada(presentaciĂłn), estamos en pausa.

Pero apalabrada con el proceso comparto un escrito que acompañó al libro viajero Como semblanzas o seis relatos pasajeros. Un escrito que no forma parte de Pasajeros, pero que habla sobre el proceso de idear muchos de sus escritos. Quizás sea una lectura de interés para estos días de aislamiento y sirva de equivalente o adelanto a la presentación que hubiese sido hoy.

En fin, Pasajeros se queda en casa, pero las palabras que documentan la gestaciĂłn de sus escritos viajan…

Los recovecos del titular

Visualicé este proyecto, esta osadía narrativa, el primer domingo de septiembre de dos mil ocho. Sin proponérmelo ideé los últimos toques del proyecto el primer domingo de septiembre de dos mil nueve. Cualquiera podría pensar que lo hice con malicia ritualista; por mi predilección a todo lo cíclico. Sin embargo, no fue así. Estamos frente a una rara coincidencia, una improbable casualidad, algo tan ordinario y elemental como una chiripa.

El proyecto no culminó anoche, ni se llevó al papel inmediatamente aquella tarde-noche del primer domingo de septiembre de dos mil ocho. Admito que, en el tramo final, me sobrecoge mi atrevimiento narrativo. Supongo que ahora debo buscar qué hacer con lo que escribí. Por lo pronto, me entretengo al escribir estas palabras sobre el proceso de crear y recrear cada relato.

«Al salir del laberinto» comienza este conjunto de escritos. Por cuestiones obsesivas decidí organizar las historias en el orden en que se escribieron. No sé si es porque fue el primer cuento que escribí, por las experiencias personales que me inspiraron a escribirlo, por el carácter investigativo que caracterizó el proceso de llevarlo a cabo, o porque me encanta su final, pero siempre guardaré cierta predilección por él. Además, seleccionar el título para este cuento le dio unidad y personalidad al proyecto. No fue hasta que me sumergí en el proceso de titular el primer cuento que me planteé una propuesta concreta respecto a lo que quería escribir.

«Al salir del laberinto» era un título provisional. Cuando empecé a escribir, por mi necesidad de orden, deseaba intensamente tener un título para el relato que pretendía desarrollar. El asunto y la trama de este estaban claros. Aun así, me incomodaba que no tuviese título y de ahí surgió el bautismo provisional. Escribí ese cuento metódicamente, pero como en un trance, por ello tenía la ilusión de que a medida que escribiera, surgiría—como por arte de magia— su verdadero nombre.

Al completar el relato se complicó el asunto del título: tenía dos posibles nombres para el cuento. Ambos le daban un giro diferente a la historia, la alejaban del propósito que me llevó a escribirla y trastocaban su esencia. Sin embargo, desde mi punto de vista, los dos títulos me resultaban muy atractivos a nivel literario. Me seducían y de manera simultánea me enfrentaban a la lucha entre lo ficticio y lo real, propia del quehacer literario.

Por un lado, la vida independiente del cuento se aferraba a su mundo literario; por el otro, por escrúpulos no me atrevía a jugar (más de lo que había jugado al crearlos) con ciertos personajes secundarios, pues para escribir «Al salir del laberinto» me inspiré en una vivencia personal, experiencia de la que varias personas son testigos. En fin, un poco por escrupulosa y por lealtad a la intención que me motivó a escribir el cuento, fui fiel a la vivencia y le di la espalda a la ficción que había creado. Nada de juegos con ciertos personajes, por respeto a la gente de carne y hueso que me regaló una nacionalidad, una cualidad o un evento para moldear la historia.

Lo provisional dejĂł de ser provisional. El tĂ­tulo «Al salir del laberinto» se impuso como tĂ­tulo del primer cuento; la lealtad a una intenciĂłn le ganĂł a la seducciĂłn literaria. Sin embargo, como se dice por ahĂ­: la ficciĂłn perdiĂł una batalla, pero no el enfrentamiento final. Los tĂ­tulos que descartĂ© me sirvieron de trampolĂ­n para lanzarme a escribir, no solo un segundo cuento, sino un conjunto de historias. 

Sin magia, pero como una certeza atemporal, vislumbré que el libro consistiría en tres pares de historias. Cada par de cuentos sería un micromundo independiente de los demás. A su vez, cada cuento tendría autonomía y vida propia: juntos, pero no revueltos. Sin embargo, todos tendrían algo en común: serían como semblanzas.

Con esa certeza atemporal escribĂ­ «Nacida bajo el signo de Tauro». Su tĂ­tulo fue el hijo de los tĂ­tulos seductores pero descartados para el primer cuento: «Graciela»y»A la sombra del minotauro. Admito que como relato solo no tiene mucho atractivo, pero al leerse despuĂ©s de «Al salir del laberinto»… ustedes dirán.  Escribir»Nacida bajo el signo de Tauro» fue hacer y deshacer sin escrĂşpulos de ninguna clase; leerlo es como mirar el primer relato a travĂ©s de un caleidoscopio.

Luego de escribir el segundo relato, me detuve. Mis deberes me absorbieron. Además, se me escabulló el momento, la inspiración para escribir el par de narraciones que quería crear sobre una santa que tenía el poder de la ubicuidad. Esto me incomodó mucho y me desanimó. Al mismo tiempo me surgían otras ideas, sobre otros proyectos, con otro tipo de cuentos. Desistí de recuperar a la santa en ese momento y guardé los apuntes para retomarlos más adelante. Sin embargo, un accidente dejó inservibles estas anotaciones.

Repentinamente, y después de un tiempo considerable, escribí la primera versión de «Cuando la muerte acecha con ropaje de inocencia». Aquí el título dio pie a la historia. El cuento tuvo dos versiones; a su vez, la segunda versión sufrió varios cambios antes de tomar la forma que actualmente posee. En esta ocasión el poema «Rebeca de cuatro comienzos», que escribí en mis años universitarios (cuando tenía la dicha de viajar en transportación pública casi todos los días) me sirvió de hilo y aguja para tejer la historia. Contrario a lo que piensan mis sobrinos, la autoría de ese poema (y el hecho de ser educadora) es lo único que tengo en común con la protagonista de esa historia.

Su acompañante, «Legión de niñas», nació antes que su título. A esas alturas dejé mi obsesión de titular antes de iniciar la historia. De él solo voy a decir que era justo, necesario y que su título se gestó en Barranquitas.

El par de cuentos que cierran la media docena de semblanzas fue el triunfo total de la ficciĂłn. Escribir»Cuándo llegará el dĂ­a de mi suerte» fue chĂ©vere. Lo primero que me disfrutĂ© fue titularlo. No lo van a creer, pero intentar memorizar el coro de la canciĂłn que inspirĂł el cuento, con la ayuda de mis sobrinos, fue un reto chistosĂ­simo.  Asimismo, me divertĂ­ con el asunto de los dĂłminos o dominĂłs.No pude evitar que el cuento se quisiera emparentar con las historias anteriores. Honestamente, me sentĂ­a contenta al darle nombre a don Milagros y al compartir, nuevamente, con Rebeca.

Por otro lado, «Mientras pueda salir»es también un cuento justo y necesario. No me siento muy satisfecha con su forma o su falta de forma, aunque admito que en el fondo eso me agrada un poco. Hay unas partes de ese cuento que me gustan mucho y otras que no me convencen; pero ahí va.

Respecto a las ñapas… pues, las ñapas son ñapas y punto. Quizás son un acto de justicia tardĂ­a para reivindicar los intentos de poemas que escribĂ­ en una Ă©poca en que ansiaba escribir cuentos. O, tal vez, son un capricho más de esta osadĂ­a de palabras. A fin de cuentas, entre ñapa y ñapa lo que hay es puro cuento revestido de semblanza.

Ritabel Collazo Vázquez

8 de septiembre de 2009

Caguas, Puerto Rico

En marzo: Pasajeros en ruta

PresentaciĂłn del libro

Invitamos a cada persona, que cree en la belleza de lo efímero y en que solo perdura lo fugaz, a que sea parte de este viaje de palabras junto a los Pasajeros en ruta: una joven historiadora, un escritor andaluz, una mujer minotauro, una joven que muere vieja, una legión de niñas muertas, un joven predestinado a ser y llegar siempre segundo, una octogenaria desaparecida y un viejo al que nadie ha felicitado en el día de su cumpleaños. De parada en parada conocerán más sobre el libro que José Borges definió como “fantasmagoría criolla” y una de sus lectoras como “cuentos que enlazan lo cotidiano con lo imposible”.

sábado, 14 de marzo

Presenta:

  • Mara PĂ©rez (maestra y poeta)
  • JesĂşs Adrián Zambrana (abogado y escritor)

Con la participaciĂłn especial de la cantautora Miliangeli Ramos

Modera: Sara Angélica (Gestora Cultural)

domingo, 22 de marzo

Presenta:

  • Mila Aponte González (gestora cultural y profesional de las ciencias de informaciĂłn)
  • MarĂ­a Pilar {Pilli} Aponte González (educadora y cantautora)

Modera: Sara Angélica (Gestora Cultural)

sábado, 28 de marzo

Presenta:

  • Manos que conspiran

Con la participación especial de los músicos: José Luis y José Miguel Vázquez Torres y Bernardo Andrés {Berny} Santos Collazo

Modera: Gerardo Ortiz (actor, locutor y educador)

ÂżEl Ăşltimo runrĂşn?

Por Sara Angélica Santos Collazo

Fue en septiembre de 2013, en el Barrio La Mesa de Caguas Puerto Rico, cuando 16 conspiradores crearon a Como semblanza o seis relatos pasajeros. La idea: libros para ser compartidos, intervenidos y permitirles ser viajeros. Seis años después, en el 2019, los libros gozan de “autonomía y vida propia” como describe su autora Rita Isabel Collazo Vázquez, por ello, celebrando la metamorfosis de Como semblanzas o seis relatos pasajeros, que ahora es solo Pasajeros, haremos una recopilación de runrunes (rumores) y otros hechos del proyecto.

Se cuenta que el concepto se venía maquinando en la mente de su autora desde 2009. La primera entrega de 12 libros consistió en una caja envuelta en papel periódico y el esqueleto de una hoja en la portada. Tan pronto se abría se encontraba el ejemplar con instrucciones de lectura. Y así daba inicio el viaje. Para seguir el rastro de los 12 libros se creó la página www.librospasajeros.com, reforzada con el correo electrónico librospasajeros@gmail.com y Twitter. Se esperaba que los que recibieran el libro compartieran su experiencia de lectura y soltaran el libro a su siguiente viaje.

Para Rita Isabel “el libro ha evolucionado, se ha transformado sin dejar su esencia atrás; como tradiciĂłn viva que se renueva y se transgrede a sĂ­ misma para trascender y perpetuarse, multiplicándose caleidoscĂłpicamente. Y a pesar de que el libro como objeto, tangible y palpable, pueda parecer una especie en peligro de extinciĂłn, la idea del libro-objeto, libro intervenido, libro del artista, libro como objeto de colecciĂłn, libro cartonero, libro artesanal, arte del libro, libro como libro, libro con papel, libro-obra… persiste, permanece, perdura de manera airosa.” AsĂ­ que henos aquĂ­.

Fue un trabajo experimental pensado para que se exploraran otras formas de interacciĂłn con el objeto libro como una artesanĂ­a, un artefacto interactivo y manipulable, con textura.  Desde que sostienes la caja se percibe la sensaciĂłn áspera de cartĂłn con papel periĂłdico que contrasta con la aspereza frágil de la hoja seca que adorna su cubierta. Una vez expuesto su interior te encuentras con los tres tomos y las instrucciones que te exhortan a disfrutar el texto como desees. Es aquĂ­ donde la experiencia comienza a transformarse, porque ya no tienes que ser solo el lector, sino que pasas a ser un colaborador. Fuiste invitado a aportar en su contenido, a dibujar, dialogar y cuestionar en Ă©l o con Ă©l. Está preparado para que el lector/colaborador deje su huella, como el sello de un pasaporte, la marca de por donde estuvo. Por eso es tan importante la interacciĂłn con el libro.

Nuestro experimento, según las fuentes confirmadas, ha llegado hasta Argentina, Chile, Italia, España, Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico. También fue reseñado por el periódico Metro de Puerto Rico y en el semanario Claridad por la Asesora de Comunicación Escrita, Luz Nereida Pérez, quien dijo que “todo el proyecto podría sustentarse bajo el leitmotiv del primer relato: ni el tiempo ni la distancia serán suficientes para olvidar nuestro casual o causal desencuentro.”

El libro atrapa. Personas que no viven en Puerto Rico se imaginaron la Isla vivamente, se identificaron, se situaron y se transportaron a un Puerto Rico de realismo mágico o de realidad fantástica: “ahora tengo más imágenes gracias a su libro” mencionĂł una de las lectoras desde Argentina. Dicen algunos lectores que el libro “inspira y despierta pasiones, es terapĂ©utico”. Y su lectura no se da como algo instantáneo. Se rumorea que hay veces que hay que dejar el libro reposar en la mesita de noche hasta que se sienta el llamado a leerlo. Una lectora lo comparĂł con el juego de Jumanji: cuando llama hay que jugarlo, leerlo, intervenirlo. Otros lectores, tan pronto lo abrieron, se quedaron prendados hasta terminarlo. Una profesora de la Universidad de Puerto Rico nos contĂł que “LleguĂ© a casa el miĂ©rcoles despuĂ©s de clase y cometĂ­ el error de echarle una mirada, mientras ponĂ­a mis cosas en el escritorio…pasaron 3 horas antes de que pudiera despegarme del libro, me leĂ­ los primeros dos tomos parada, cansada y con hambre, pero no podĂ­a parar, llorĂ©, me reĂ­, y disfrutĂ© como en un trance…” Pero no hay prisa, es un proceso y se trata de encontrar el momento preciso. AsĂ­ operan los asuntos “efĂ­meros y pasajeros”.

Como todo experimento y luego de seis años de proyecto nos toca reflexionar sobre el alcance que tuvo y las áreas para mejorar. El proyecto cumpliĂł su propĂłsito: viajar y ser libre. En el caso de la página web tendrĂ­a que reorganizarse hacia un nuevo propĂłsito informático más allá de seguir el rastro de los libros pasajeros. Por ahĂ­ se avecinan nuevos proyectos, Pasajeros incluido, que le darán nueva vida al blog o como dirĂ­a la Ritabel… “posibilidades caleidoscĂłpicas”.

Para concluir este breve repaso de la experiencia con los Libros Pasajeros, los dejo con la reflexiĂłn y palabras de la autora.

  “Desde la partida del primer ejemplar el viernes, 13 de septiembre de 2013 el proyecto tuvo vida propia. Me siento agradecida con el junte tangible e intangible que ha generado cada libro viajero. Como lectora que escribe ha sido de mucha reflexiĂłn recibir las reacciones de los lectores, seguir el rastro de los libros, ver a los sitios que ha llegado… sobrecoge. El viaje (la vivencia) fue como un proceso de ediciĂłn, no convencional, para dar paso a un libro tradicional (con toda la belleza que posee esa palabra etimolĂłgicamente y que no se aleja de cĂłmo se gestĂł Pasajeros que es un libro distinto). Por otra parte, Libros Pasajeros aĂşn tiene muchos juntes que convocar… El blog ha mutado… Ya el eje que lo sostiene no es seguir el rastro de los ejemplares de los libros. AĂşn no se define por completo. Hasta acogiĂł el festejo de la No DĂ©cada de Calamity (banda puertorriqueña de “heavy metal”). Creo que mutará continuamente, pero seguirá siendo el hogar de los libros viajeros, de los Libros fĂłsforos, libros que encienden, de la ColecciĂłn Pasatiempo, de Pasajeros y de todo lo que se publica los dĂ­as trece de cada mes o cuando se saca tiempo del destiempo. No sĂ© quĂ© rumbo seguirán los ejemplares de Como semblanzas ni cuál será la acogida a Pasajeros. Ya veremos…”